martes, 20 de agosto de 2013

10-08-13 Despedida del Kruger y vuelta a casa

Nuestras últimas horas en el parque. Nos pusimos pronto en marcha pensando que teníamos una cuenta pendiente de saldar. No habíamos visto gatos de manera óptima. Pero la cuenta quedó saldada. Como a la media hora de salir del campamento, justo delante de nosotros, cruzando la carretera, una leona. Además éramos el primer coche por nuestro carril, y dos en el otro: prácticamente solos. A continuación, otra hembra y un macho, que se tumban justo en la orilla, en una zona quemada de hierbajos, con lo que la visibilidad era bastante buena. Tiro unas cuantas fotos, y cuando voy a maniobrar para colocarme mejor, por el retrovisor veo que justo detrás de mí está cruzando otra leona.









Ahí estuvimos un ratillo, pero no nos podíamos entretener mucho. Teníamos bastantes kilómetros por delante para acercarnos a recoger el kindle, y andábamos algo justos de tiempo. La hora límite de salida del parque para nosotros eran las once, teníamos que estar en J'burg en el aeropuerto a las tres y media de la tarde. Además la mayor parte del camino hasta Berg en Dal era por pistas de tierra. Así que ya saciados de leones dejamos allí al resto de coches y seguimos marcha. No habíamos recorrido dos kilómetros cuando vemos otros coches andando muy despacio. Será posible que tengamos la suerte de ver...? Es otro león? No! Un leopardo! Y otro! Iban al acecho, justo al lado de la carretera, persiguiendo unos facoceros. Cruzaron justo detrás de nosotros, solamente tuve tiempo de tirar un par de fotos, pero verles moverse... y eso que ya íbamos con la adrenalina a tope de los leones.




Fue sin duda una buena despedida. A lo largo del resto del camino seguimos viendo animales, pero ahora ya sí sin tiempo para parar, más que un par de veces, para fotografiar algo que no habíamos visto.




En Berg en Dal nos dieron el kindle sin problemas y como habíamos previsto, salimos a las once del parque, prácticamente seguros de que algún día volveremos. Luego a las tres y media en el aeropuerto, devolver el coche de alquiler y facturar las maletas. Como me gusta a mí, aprovechando hasta el último minuto. Y a preparar el siguiente, que no sabemos dónde será, pero después de Tanzania el año pasado el mal de África nos ha picado y tiene casi todas las papeletas de ser el próximo destino.

lunes, 19 de agosto de 2013

09-08-13 Lower Sabie

Tremendo madrugón. Nos habían convocado para el morning walk a las 5:15 de la mañana, ya preparados con maletas y todo. Íbamos cinco en el coche, con otras tres personas. Nos acompañaban dos guías. Después de tres cuartos de hora conduciendo llega el momento de la verdad. Nos bajamos del coche. Te dan las instrucciones: no hablar más que en susurros, no hacer ruido, ir en fila india, no correr bajo ningún concepto y seguir siempre las indicaciones del guía. Piden un voluntario para llevar la mochila con los snacks y las bebidas y me toca a mí. Ellos tienen que ir con los rifles preparados, por si acaso. Te recuerdan que estás en terreno de los Big Five, que todo es imprevisible y que hay un riesgo. En ese momento, como orquestado en un timing perfecto, se oye el rugido de un león. Está al otro lado del río, nos tranquilizan los guías. Y ale, a empezar a andar. Nos encaminamos hacia el río, donde vemos unos hipos, continuamos más adelante con más hipos, y los guías nos van explicando a qué pertenecen las distintas huellas, los distintos excrementos (mete el dedo en uno de ellos: es reciente, dice).









La verdad es que con muchísimas explicaciones y muy ameno y entretenido. Hacemos una pequeña parada para comer los snacks y seguimos la marcha, viendo kudus, jirafas, algún que otro antílope. Las dos horas se pasan volando, y es una sensación que a mí personalmente me parece superchula, andar por lo salvaje.









Por fin llegamos al coche y de vuelta al campamento. En total casi cuatro horas. Justo cuando estamos llegando, un frenazo brusco. Vemos una serpiente enorme, como de dos metros, cruzando la carretera delante de nosotros. El guía nos dice que cree que es una mamba negra, pero que para estar seguro le tendría que mirar la parte de debajo de la cabeza. Bromeando le decimos que se meta en la hierba para asegurarse, y nos contesta que mejor no, que el hospital más cercano está demasiado lejos...
Ahora nos tocaba desandar el camino del día anterior. Casi nada más salir, zas, de frente un leopardo. Un poco a lo lejos, pero andando por la carretera mientras un par de coches le siguen despacio. Cuando está cerca de nosotros, se mete a los matorrales, y aunque esperamos un rato, ahí ya es imposible verlo. Las hierbas son altas y se esconden que no hay manera. Pero bueno, algo es algo.



Un poco más adelante vemos un montón de buitres a lo lejos, parece que comiendo carroña, pero están bastante lejos. Hay alguno posado en un árbol. Seguimos y más adelante, más coches parados. Buena señal. En esta ocasión, leones. También dentro de los hierbajos, pero a la orilla de la carretera, se dejan ver esporádicamente. No de forma nítida, pero igual que antes, algo es algo.





Y volvimos a pasar por el cadáver de jirafa del día anterior, que aparte de estar más comida, olía peor.
Paramos a comer en el picnic de Tshokwane, un lugar en el que los babuínos son los dueños, y a nada que te despistas van por detrás y te roban la comida. Y mira que hay carteles por todos los lados advirtiendo, pero la gente no se entera. Vimos robar una bolsa entera de pan de molde a un grupo, y a otro grupo una bolsa de patatas fritas. Van a la carrera y luego no hay quien les pille. Y eso que la dependienta del sitio, cada vez que les ve sale con la escoba y les atiza. Son un verdadero problema. Para ahorranos líos decidí almorzar dentro del coche, y luego ya salir a estirar las piernas.
Seguimos camino hacia Lower Sabie, nuestro último alojamiento, y la cosa cada vez se ponía más negra. Hasta que llegó un momento que sin previo aviso nos cayó una granizada que pa qué. Daba hasta miedo. Y no nos llevamos la peor parte, visto cómo estaba luego la carretera. Luego siguió lluvia, y fue bonito ver a los animales moverse cómo si no les importara. Al fin y al cabo no tenían sitio para refugiarse.










Llegamos a Lower Sabie y tras tomar posesión del alojamiento salimos otro ratito más, que nos quedaban pocas horas y queríamos aprovechar. Tuvimos suerte y vimos un hipo junto a la carretera.


domingo, 18 de agosto de 2013

08-08-13 Olifants.

Como la recepción no la abren hasta las siete de la mañana, no tuvimos que madrugar tanto. Había leído muy buenas críticas acerca del trato de las personas que trabajan en el parque, pero bajo mi opinión, aun dentro de la corrección, son bastante secos, te facilitan las cosas al mínimo (solamente en recepción, o por lo menos los que me tocaron a mí. En el supermercado tuvimos de todo, desde la que ni te responde al saludo hasta la que te da conversación simpática con cuatro palabras en castellano). Dicho esto, al irles a comentar el problema del kindle me telefonearon a Berg en Dal, pero no les cogieron el teléfono. Me aconsejaron que no esperara a llegar a Olifants, a última hora de la tarde, sino parar en Satara, a mitad de camino. Desde Skukuza a Olifants hay una tirada. Este día no estaba propicio para ir por las carreteras de tierra, por las que tienes que andar más despacio. Así que todo el día por las de asfalto. Vimos varias cebras, jirafas, waterbucks.










Así llegamos a Satara. Al llegar a recepción les cuento la historia y me llaman a Berg en Dal, y cuando creo que me lo van a solucionar, me pasan el teléfono para que se lo explique yo. Me dice que lo tienen que mirar, que llame en media hora. Vuelvo a los cuarenta minutos, vuelvo a explicar a otra persona de recepción distinta el problema, me vuelve a llamar y a darme el teléfono otra vez, y vuelvo a contar la historia. También es otra persona, y me dice que llame en un rato. Le comento que eso mismo me han dicho hace tres cuartos de hora. Pero nada, que espere un rato más y vuelva a llamar. Mientras aprovechamos para comer y para comprar algún regalo en la tienda. Total, que vuelvo por tercera vez, vuelvo a explicar la historia por tercera vez en recepción, pero esta vez el chico llama y habla él, se tira un buen rato hablando en su idioma y riendo. Yo, claro, sin enterarme de nada. Al final me dice que me ponga, y la mujer al otro lado del teléfono me dice que sí, que está allí y que vaya cuando quiera... Bueno... Menos mal... La espera ha merecido la pena... Pasaremos a por él el último día, de vuelta al aeropuerto.
Continuamos camino hacia Olifants, viendo avestruces, (que hasta el momento no habíamos visto ninguna). Incluso vimos el cadáver reciente de una jirafa, en la orilla de la carretera, solamente comido el vientre. Aquello olía a rayos. No me quise (o casi ni pude) parar a hacer la foto de las nauseas. También tuvimos un encuentro con un elefante, e hice como me aconsejó el guarda de la puerta, dejarle sitio. Los felinos se seguían resistiendo. Casi antes de llegar vimos un montón de coches parados. Qué será? Efectivamente, leones... Pero allá lejos lejos... Le vi una vez de refilón de milagro. Así que yo, que no tengo paciencia para esperar a ver si sale, a continuar la marcha. Llegamos a Olifants a tiempo de ver un bonito atardecer sobre el río del que toma el nombre.






Por la noche teníamos el night drive, dos horas, de ocho a diez. Normalmente nos acostábamos a las diez, así que íbamos a aprovechar bien el día. Nos montamos en el camión, hay un foco delante, otro a un lado, que dan a una persona del grupo, y otro a otro lado, que dan a otra persona del grupo. Y son ellos, al que le toque, los que se encargan de escudriñar por si ven algo. Te dan la charla de que por la noche es cuando más posibilidades hay de ver leones y leopardos, que están más activos, y en marcha...
El primer animal aparece por sorpresa justo al cruzar la valla del campamento: un conejo. en fin, el guía nos explica los hábitos del conejo y seguimos camino. Volvemos a parar en seguida: otro pequeño roedor de hábitos nocturnos, tipo rata grande pero que anda a saltos. Nueva explicación. Siguiente animal: una jineta, bastante esquivo. Seguimos marcha y de repente uno de los focos grita: stop. Ha visto unos ojos en la oscuridad. Retrocedemos. Otro conejo. Seguimos camino. El del foco del otro lado grita: stop. Otros ojos. Retrocedemos. Unos impalas (de los que hemos visto doscientosmil a lo largo del día)... Además el del foco de mi lado no enfoca hacia adelante, sino que enfoca hacia atrás, como si quisiera ver si nos hemos dejado algo. Y yo, que voy detrás, cada dos por tres, me enfoca a la cara. Tú, con los ojos habituados a la oscuridad, y de repente el tío te da con todo el foco... En fin, que poco a poco me va entrando la modorra y hago la mitad de la excursión entre cabezada y cabezada, sin enterarme de nada. Adela luego me dijo que no me perdí gran cosa. Pequeña decepción, que el que tenía ganas del night drive era yo.