lunes, 31 de marzo de 2014

12-03-14 Chak Chak y Meybod


Antes de nada he de decir que este día no estaba inicialmente previsto en el itinerario que pasé a Alireza para el viaje. Yo había incluido dos días en Tabriz. Pero por coincidir con el Noruz nos aconsejó cambiar esos dos días por otros dos, uno a mayores en Teheran, y este día. Así que a las nueve de la mañana salíamos con el coche en dirección a Chak Chak. Llegamos a las diez y cuarto, más o menos. En Chak Chak se ubica el templo principal del zoroastrismo (entrada 30.000). Cuenta la leyenda que la hija del último gobernante de la dinastía sasánida, la última preislámica, al verse perseguida, huyó a las montañas, que se encomendó al dios y desapareció. El paisaje es impresionante, entre montañas. La subida al templo también es impresionante, no hay más que escaleras. Al llegar arriba, la vista es muy bonita. Y poco más. Estuvimos nosotros solos. Es una especie de gruta-caverna, con un incensario en el medio y ya. Como lugar simbólico de templo principal de una de las religiones más antiguas del mundo tiene mucho valor. Como lugar físico, bastante poco.



A continuación nos dirigimos a Meybot, a ver su fortaleza de adobe (entrada 100.000). Está bastante bien conservada. Además, como nos está pasando en muchos de los sitios que visitamos, están de limpieza haciendo los preparativos para el Noruz. Azi nos lo había explicado anteriormente, pero aquí se puede ver con claridad los distintos niveles que se dan, como se separan estos niveles por murallas concéntricas, las zonas más interiores para los nobles y las más exteriores para obreros y ganado.



Después nos acercamos a un taller de alfarería, y en la tienda de al lado mercamos algunas cosas. Y ya por último, que se nos había hecho la hora de comer, vamos a un antiguo caravanserai restaurado, con restaurante incluido, donde la comida la verdad es que está muy buena. Al salir compramos algo en las tiendas que hay dentro, y después nos dirigimos al depósito de hielo, justo al cruzar la calle. Resulta chocante cómo en mitad del desierto la gente se las ingenia para tener un depósito de hielo.


Salimos de Meybod a las tres y media de la tarde, y llegamos a nuestro destino final a las cuatro y media: el caravanserai Zeinodin. Hoy estamos de caravanserai. Y aquí se acabó el día. Bueno, no es del todo exacto, se acabaron las actividades del día. No voy a decir que haya sido un día perdido, prefiero llamarlo un día de transición, pero al llegar a las cuatro y media a un sitio en mitad de ninguna parte, da la sensación de haberlo aprovechado más bien poco. Aun así, no acaban aquí las aventuras. Como a las cinco y media de la tarde se levanta un vendaval de aire que parece que todo vaya a salir volando. Entra arena hasta las orejas, a pesar de estar dentro de las habitaciones. Daba cosica el aire que hacía. Ni subir a la terraza para hacer fotos de la puesta de sol. Para rematarlo, como a las siete y media se va la luz. Así que nada, a matar el rato como se puede, cenar pronto a la luz de los quinqués, y a acostarse pronto, a ver si mañana se aprovecha más el día.

domingo, 30 de marzo de 2014

11-03-14 Yazd


Como todos los días, puntualmente a las nueve, estamos preparados para salir. Nuestro primer destino es la plaza Mirchajmagh, el símbolo de la ciudad. Parece otra mezquita, pero solamente es una fachada, detrás de la cual se ubicaba en tiempos un bazar.



Después nos dirigimos al museo del agua, que está en la misma plaza (entrada 50.000 riales). Tanto el anuncio como la puerta de entrada son bastante cutres, pero luego dentro nos encontramos con una antigua casa de la dinastía Kayar (s. XIX), ricamente decorada con estucos y espejos y que nos gusta bastante. Allí Azi nos explica el proceso de conducción del agua desde las colinas, la manera de hacer los túneles, los depósitos en las ciudades… todo muy interesante.


Luego nos acercamos andando a la mezquita jamé de Yazd, muy bonita.



Más tarde recorremos tranquilamente el barrio antiguo, el barrio que rodea a la mezquita, viendo las calles con sus casas de adobe. Vamos camino de un artesano del mosaico, uno de los pocos que quedan, pero el vecino nos dice que hace varios días que no aparece. Así que de vuelta a la mezquita. En las tiendas de al lado aprovechamos para hacer las primeras compras, y como ya se ha hecho la hora de comer, nos vamos al hotel Silk Road, que está en las inmediaciones, donde se come bien y barato (yo sopa de verdura y pastel de espinacas). 


Luego nos acercamos al jardín Dolat Abad, donde está la torre de ventilación más alta de Irán, y la única octogonal. Está dentro de un palacete de invitados de algún gobernador local de turno (entrada 50.000 riales).


Justo a la salida vemos un taller de un artesano de la cerámica donde compramos alguna pieza muy original y barata. 
A continuación vamos al templo del fuego zoroastriano (entrada 20.000 riales), donde arde una llama desde hace más de 1500 años. La llama no está en este sitio desde entonces, es un edificio moderno donde se ha trasladado desde los pueblos de los alrededores. Azi nos explica la simbología que hay en la figura que decora el edificio: la barba simboliza la sabiduría. La mano derecha con la palma hacia arriba, el contacto con Ahura Mazda, el dios. La mano izquierda, la rueda de la vida. Las tres filas de plumas, los preceptos de la religión: acción correcta, pensamiento correcto y dicho correcto.



Luego vamos a las torres del silencio, el “cementerio” zoroastriano. Bueno, realmente son unas estructuras circulares donde hasta hace unos 35 años, los creyentes de esta religión dejaban a los cadáveres de sus difuntos para que fueran comidos por los buitres o los perros. Yo subí hasta arriba, para tener una mejor vista de la zona, pero daba un poco de yuyu pensar lo que allí pasaba hasta no hace mucho.


Esto está bastante en las afueras, así que desde aquí volvimos al centro, a la plaza Mirchajmagh. Nuestra siguiente actividad es una demostración en la Sala de Esfuerzo, una especie de deporte nacional, casi en vías de extinción, del que ya quedan poco lugares donde se practique. La demostración comienza a las seis y media, así que para hacer rato, otra serie de compritas. A las seis y media en punto comienza (entrada 40.000 riales). Estábamos un grupo de unos catorce franceses, dos iraníes, y nosotros dos con Azi. Se trata de un recinto circular donde unas veinte personas empiezan a hacer una serie de ejercicios como locos durante una hora. Se meten una paliza que no veas. Y todo ello acompañado de música de tambor y canto de un tío, que yo no sé si hace más ejercicio él o los que están abajo.


Como digo acaba a las siete y media, así que ya solo nos quedaba cenar. Como de lo que hemos visto hasta ahora el tráfico es cosa de otro mundo, donde nadie respeta nada, y dada la extensión de las ciudades, llegar hasta el restaurante nos lleva cerca de tres cuartos de hora. Azi nos ha recomendado un restaurante moderno en la parte nueva, un restaurante italiano (Cesars se llama) donde cenamos divinamente, una crema de champiñones y una pizza para tres. Allí coincidimos con unos españoles que trabajan aquí y charlamos un rato con ellos. Y ya de vuelta al hotel, que es tarde y mañana nos espera un nuevo día.

sábado, 29 de marzo de 2014

10-03-14 Kerman-Yazd


Por la mañana salimos a recorrer Kerman. Primero vemos la mezquita jamé (no sé si se escribe así). Es la mezquita principal de cada ciudad. En ella nuestra guía nos va explicando que se puede saber de qué época es por los colores predominantes, por ejemplo, el color beige lo introdujeron los timúridas en el s. XV. También nos explica las diferencias entre mosaico y cerámica. 

Después recorremos el bazar, buscando el hammam tradicional. Pasamos por la puerta el día anterior, pero Azi nos dijo que lo veríamos al día siguiente. Bueno, pues hoy estaba cerrado, ante el cabreo de nuestra guía. Dice que hay veces, de repente, que sin más ni más sin dar ninguna explicación ponen un cartel y lo cierran. Y es verdad, había un cartel escrito a mano, colgado de un cordel de mala manera. 
Así que sobre las once de la mañana nos pusimos en marcha camino de Yazd. Son unos 360 km, pero tardamos en recorrerlos cerca de siete horas. Para que no se nos hiciera tan pesado el viaje, a mitad de camino paramos en un pueblo llamado Maymand, con un montón de casas excavadas en las rocas, donde la gente vive como los antiguos pobladores, tipo Capadocia. A este pueblo llegamos sobre la una. Mientras recorrimos el pueblo nuestro conductor nos preparó un estupendo café que acompañado de los dulces típicos de Kerman, no estaban esperando a la vuelta.


Nos pusimos otra vez en marcha. La siguiente  parada ya la hicimos para comer, sobre las cuatro de la tarde, muy tarde para lo que se estila por aquí. Paramos en un bar de carretera que tenía no demasiada buena pinta, pero que al final la comida estaba estupenda. Yo comí pinchos de carne picada con arroz y mi madre un pollo guisado que le gustó.
Finalmente llegamos a Yazd sobre las seis y media de la tarde. El alojamiento, el hotel Garden Moshir, un antiguo palacete restaurado, con un estupendo jardín. Nos tumbamos en la habitación a descansar de la paliza del coche, y como no teníamos ganas de salir a ningún lado cenamos en el mismo hotel, aunque la cena no fue nada del otro mundo. 

viernes, 28 de marzo de 2014

09-03-14 Kerman – Rayen – Mahan – Kerman


A las nueve nos encontramos en la puerta del hotel, y nos dirigimos a la ciudadela de Rayen, que está como a una hora y cuarto de Kerman. Kerman tiene cerca de dos millones de habitantes, y como no edifican a muchas alturas, hasta que sales de la ciudad te lleva un rato.
Rayen es una ciudadela de adobe (entrada 150.000 riales), conocida a raíz del terremoto que asoló en 2003 a la ciudad de Bam. De momento todavía sigue en reconstrucción, y como alternativa se empezó a visitar (y reconstruir) Rayen, que anteriormente pasaba desapercibida por el esplendor de la otra. En Rayen estamos como hora y media. No es demasiado grande, unos 5000 m2. Azi nos explica que es de época preislámica, de la dinastía sasánida. Tiene una zona para el gobernador, otra para los nobles y otra para el pueblo, además del almacén de comida también utilizado como mezquita, y los establos. Su visita nos lleva hora y media.


Después volvemos camino de Kerman, parando en Mahan. Primero visitamos unos jardines fuera de la ciudad (entrada 150.000 riales), donde nada más llegar nos llama la atención la cantidad de agua que hay corriendo. Viene de las montañas cercanas, unas montañas nevadas y bastante altas. En los jardines se respira un ambiente de tranquilidad y relajo. Azi nos da la opción de comer allí, y así lo hacemos, nuestra primera comida iraní. Pedimos de primero un guiso-revuelto de berenjena con salsa de yogur, y de segundo yo un guiso de cordero con nueces, yogur y menta, y mi madre una trucha. En total, 520000 riales, unos doce euros los dos.


Cuando terminamos de comer nos acercamos al pueblo de Mahan, a ver el mausoleo de un famoso sufí, Shah Nematollahe Vali. Azi nos explica un poco acerca del sufismo, y de la importancia de la tumba de este hombre, centro de peregrinación (entrada 30.000 riales). El mausoleo por dentro no es gran cosa, pero cuando ya nos estamos yendo me hace una seña un hombre que estaba limpiando. Le sigo y nos lleva a una habitación rícamente decorada, con escritura pintada, que me gusta mucho. Luego este mismo hombre nos abre una puerta para que podamos subir al tejado y ver las vistas. Las escaleras son bastante empinadas, así que solo subo yo.





Concluida la visita volvemos a Kerman. Primero nos para en una tumba de un antiguo gobernador, en las afueras. Allí el chófer nos ofrece café, que ha preparado en un momento en el maletero del coche, con un camping gas y una cafetera italiana. También nos ofreció té. Esto sí que es ir equipado. Luego Azi nos lleva a ver el bazar. Nos dice que por la tarde tiene mucha más animación que por la mañana. Antes vamos a cambiar dinero, que ya es hora. Muy cerquita del bazar nos llevan a una casa de cambio (1 euro a 41000 riales) y ya podemos pagar nuestras deudas a la guía, que hasta este momento ha sido ella quien ha pagado comida y entradas. En el bazar no hay gran cosa. Para turistas, solamente unos bordados de lana. El resto, tiendas de ropa para ellos… y para ellas. Al final, después de una larga calle, desembocamos en una plaza, donde se nos acerca un señor a preguntar de dónde somos, y a dar palique a la guía, mientras esperamos al coche. 


Una vez en el coche nos acercamos al hotel a descansar un rato (de 6 a 8). A las ocho hemos quedado a cenar, pero primero nos llevan a dar una vuelta en el coche por las calles más comerciales. Para cenar nos sugiere una pizza, al estilo iraní, y es lo que acabamos cenando, mucho más jugosa y con más relleno que las normales, acompañada de una ensalada y patatas fritas. En la pizzería se le acerca una niña a mi madre a preguntarle de qué país somos, y si nos está gustando Irán, muy tímida. Y ya para terminar el día, le decimos a la guía que preferimos volver al hotel andando, ya que estábamos en la misma calle. Llegamos tras media hora de paseo. Ya lo dice el refrán, la comida reposada, y la cena paseada…

jueves, 27 de marzo de 2014

08-03-14 Madrid-Teherán-Kerman

Otra vez en marcha. Para variar, sin dormir. Salimos a las 12 de la noche de Madrid, y tras cuatro horas de vuelo llegamos a Estambul, donde nos espera una escala de cinco horas, que aprovechamos tirándonos donde podemos para echar una cabezada. Hasta que nos echan dando voces, porque estábamos en una sala de espera que iban a utilizar. Nos tomamos un vaso de leche y un café por seis euros, y a buscar otro sitio para otra cabezada. Luego, para el vuelo a Teherán, nos llevan en un autobús al avión, pero está tan lejos que ya empezamos a dudar de si iríamos volando o en carretera. Cuando parecía que se acababa el aeropuerto, siguen otro rato más, y allí ya por fin estaba nuestro avión. El vuelo dura algo más de dos horas y media, muy tranquilo. Era un avión un poco más antiguo. Por un lado peor, ya que no teníamos la pantallita individual para ver lo que quieras, pero por otro lado mejor, ya que debía estar hecho cuando no pensaban tanto en aprovechar los asientos, y el espacio que queda con el de delante es bastante mejor que en aviones más modernos.
Ya en Teherán pasamos los trámites de aduana bastante rápido, a pesar de que a mi madre no le encuentran en la lista del ordenador y tienen que meter sus datos a mano. Salimos los últimos de todo el avión, pero aún así no tardamos más de un cuarto de hora. Las maletas ya estaban saliendo y en seguida llegan las nuestras. Cuando salimos nos está esperando la que va a ser nuestro guía estas dos semanas, Azi, diminutivo de Azadeh, que significa la que es libre. Cogemos un taxi para ir al otro aeropuerto de Teherán, desde donde salen los vuelos internos, ya que todavía no hemos terminado con el avión. En el coche nos explica que su nombre en este país la ha ocasionado problemas en algunas ocasiones. Parece muy maja y nos empieza a contar cosas del país.

Por fin llegamos a Kerman, nuestro destino final, tras hora y diez de vuelo. Estamos apalizados de tanto vuelo y sin dormir. Nos vamos al hotel directamente con Puriá, que será nuestro chofer en el viaje. Como hemos tomado la cena en el avión, ni eso necesitamos. Azi nos da su número de teléfono, por si necesitamos algo, ya que ella se aloja en otro hotel. Las comparaciones con el guía de Uzbekistán van a ser inevitables a lo largo de todo el viaje, y de momento esta chica gana por goleada. 

viernes, 7 de marzo de 2014

Atrapado en el tiempo en Tromso (VI). Helsinki y vuelta a casa. 11 de febrero de 2014.


Acostumbrados a que amaneciera tan tarde, sobre las nueve, entre que estábamos más al sur y con una hora más, amaneció muy pronto. Si a eso le sumamos el ruido de las máquinas recogiendo la nieve caída en la noche anterior, nos encontramos con que dormí penosamente. Al despertar me encontré a la rubia durmiendo en la cama que me había ofrecido. Había sido expulsada de la otra...
El cambio de país no tenía necesariamente que implicar un cambio de costumbres. Aunque nos despertamos pronto estuvimos remoloneando sin hacer nada, viendo vídeos en el portátil. Cuando por fin nos pusimos en marcha, nuestra primera tarea fue encontrar un sitio para desayunar. Encontramos rápidamente una especie de kiosko donde vendían café de máquina y bollos. Aquí ya nos manejábamos en euros. Nos dirigimos, para no perder la costumbre, a la oficina de turismo del lugar. Allí cogimos distintos folletos de información, por el simple hecho de coger algo gratis, porque luego no valía para nada...
Esta oficina de turismo, a la que llegamos tras un cuarto de hora andando, quedaba en pleno centro y desde allí ya nos movimos a ver las cosas más importantes. Primero nos acercamos a ver el mar, que estaba helado. Lo comprobamos tirando trozos de nieve helada. La niebla nos impedía ver a lo lejos, pero era un paisaje bonito. De allí mismo, a la catedral ortodoxa. En las fotos se puede ver la niebla que hacía. Realmente nos dedicamos a vagabundear con calma y pereza, conscientes ya de las últimas horas que nos quedaban de vacaciones, como si yendo despacio se pudiera alargar el tiempo.



Nos acercamos andando, por la calle principal, hasta la siguiente catedral, la luterana. El suelo lo estaban limpiando, y pese a la nevada caída el día anterior, estaba bastante limpio. Ambas catedrales son más bonitas por fuera que por dentro. Estos luteranos son gente muy severa. En esta misma plaza también está el parlamento.



El siguiente punto del recorrido era la estación de trenes, bastante chula, como salida de un cómic.



De allí, ya solo nos quedaba acercarnos a la iglesia de la roca, que yo no conocía de mi interrail del año 99, y que fue lo que más me gustó de todo el recorrido. Para llegar pasamos al lado del museo de arte contemporáneo, que ni fu ni fa, y también atravesamos por el auditorio, muy bonito. Allí un señor, que nos vio mirando el mapa, se nos acercó para ver si necesitábamos algo, y cuando vio que éramos españoles se puso a hablar en castellano, todo majete el hombre... Que le gustaba Tenerife, decía... También entramos en el museo nacional de Finlandia, ubicado en una antigua iglesia, pero la entrada era algo cara y tampoco parecía haber cosas de mucho interés, así que no pagamos y nos fuimos a la de la roca. Aquí de nuevo el gps de Anuar nos vino bien.



Ya se nos estaba acabando el tiempo, teníamos que volver al aeropuerto, así que nos acercamos de nuevo a la estación de trenes, ya que desde allí salía el bus. Pero antes entramos en un McDonalds, como no podía ser de otra manera. En cualquier viaje que se precie hay que entrar por lo menos en uno. El trayecto al aeropuerto esta vez, al ser de día y casi hora punta, nos llevó algo más de tiempo, tres cuartos de hora, y una vez allí a esperar a embarcar. Nos despedimos de Isa, que se iba a Barcelona, y allí la dejamos, toda triste. Ya en Barajas recogimos las maletas. No las teníamos todas con nosotros, ya que las habíamos facturado directamente a destino casi 24 horas antes en Tromso. La mía llegó calada, pero la de Anuar llegó rota, así que nos acercamos al mostrador a poner la reclamación correspondiente.
Y nada, solo nos quedaba el bus a Madrid, que cogimos en el mismo aeropuerto, y en el que me llevé la agradable sorpresa de que, al igual que los aviones modernos, cada pasajero tiene su pantalla de televisión para ver la película que quiera.
Con esto termino la crónica de este viaje. Como resumen, ha merecido la pena. Repetiría. Pero me deja una sensación de no haber aprovechado el tiempo todo lo que hubiéramos podido. Gran parte de la culpa de esto ha sido mía, aunque en ningún momento quise imponer mis criterios al resto del grupo, ya que iba de acoplado, con el ánimo de integrarme en lo que se decidiese. Pero, no por nada, sino por ser el que tenía más experiencia en viajes, les debería haber razonado un poco más, o participar en la planificación.
Pero bueno, ya está pasado, y no os preocupéis que en breve volveremos con más aventuras.