sábado, 31 de diciembre de 2011

27-07-2010 El D.F.


Después de desayunar en el hotel (un desayuno muy correcto), nos dispusimos a efectuar los primeros trámites.
Lo primero que hicimos fue acercarnos a un banco para que Adela pudiera hacer la transferencia para la clase de danza. Fue una de las ocasiones en las que pudimos comprobar la amabilidad de la gente que atiende de cara al público.
A continuación, y tras desandar el camino que hicimos el día anterior al metro, y que en esta ocasión, de día y tras haber descansado, nos pareció de risa, fuimos a la estación de autobuses para comprar los billetes de Palenque a Mérida, a Puebla y a Taxco.
Sé que fuimos a dos estaciones, pero no me acuerdo qué compramos en cada una.
Yo, entre otras cosas, es que soy un impaciente, y lo primero que quiero hacer cuando llego a los sitios, es terminar los trámites que no he podido hacer desde aquí. Así que después de todas las prisas por comprar los billetes, nos encontramos que fuimos los primeros en escoger…
Una vez resueltos todos los trámites “obligatorios” ya nos dispusimos a disfrutar la ciudad.
La primera visita es casi obligada: la plaza del Zócalo. Aquí visitamos la catedral (aún sin ser fea, nos defraudó un poquillo, quizá porque esperábamos algo más), y vimos actuaciones de gente “vestida” de manera tradicional, con las plumas, los sonajeros y todos los accesorios del “kit del buen indígena”.



Luego nos dimos una vueltecilla por los alrededores, intentado dar con la entrada al palacio presidencial, ya que la plaza estaba en obras. De camino vimos la Iglesia de Santa Lucía y un museo que no nos dijo demasiado.

Finalmente encontramos la entrada. Tuvimos que enseñar los pasaportes para poder entrar. La verdad es que cuando nos plantamos ante los famosos murales de Diego Rivera nos quedamos boquiabiertos y ojipláticos por igual. Son una maravilla, alucinantes… Nos quedamos allí más de una hora contemplándolos…

Bueno, y escuchando las explicaciones del guía de un grupo que había por allí… Es lo que tiene el ir por libre, que tienes que hacer como que no prestas atención para no parecer un jeta, pero poniendo la oreja para enterarte de lo que explican…



A la salida nos dirigimos ya a ver las ruinas del Templo Mayor. Tuvimos que hacer un ratillo de cola a la solana, pero tras una media hora, entramos (51 pesos por persona). Las ruinas están bastante bien, y te haces una idea de cómo pudo haber sido. Pero lo que verdaderamente a mi me gustó fue el museo. Quizá me gustó casi más que el Museo Nacional de Antropología, que vimos luego esa misma tarde. Está más recogido, y muy bien explicado. El otro es muchísimo más grande, y después de la paliza de todo el día, y queriendo ver todo, quizá no lo disfrutas como debieras…



 Total, que después de ver el museo, se nos habían hecho las cuatro de la tarde, y sin comer… así que nos fuimos al Turisbus (125 pesos por persona), que se coge en el otro extremo de la plaza del Zócalo. Allí, sobre la marcha, nos comimos unos bocatas de jamón serrano que ya llevábamos preparados, y que como todo el mundo sabe, es lo mejor para la sed y el calor…
El Turisbus creo que es una buena opción para ver las principales cosas, si no se tiene mucho tiempo, y aunque sea una turistada, en este caso creo que compensa. Nos llevaron por el edificio de Correos, la plaza Garibaldi, el paseo de la Reforma, con sus plazas, estatuas y fuentes, el parque de Chapultepec… y allí cerca nos bajamos en el Museo Nacional de Antropología.
Como ya he dicho antes, es una pasada y está muy bien organizado, pero es tan extenso que hace que, por querer verlo todo, no lo disfrutes plenamente. Aun así, ver la piedra del sol en vivo y en directo, vale la pena. Y Quetzalcoatl, y Tlaloc, y Tlaltecutli….
Así que aquí estuvimos poquito más de una hora, porque a las 6 creo recordar que cierran



Luego fuimos a recuperar el Turisbus a la parada donde nos había dejado, para terminar de completar el recorrido…. Ja, ilusos… A esa hora es la hora punta de México, que por un lado merece la pena conocer, pero por otro te hace una gracia que no veas. Así que después de más de media hora para llegar a la siguiente parada, decidimos bajarnos, cruzarnos la calle y tomar el siguiente que viniera en dirección contraria, ya que veíamos que nos quedábamos tirados en medio de la nada… Así aprovechamos para deambular un ratillo por los alrededores del Auditorio Nacional, esperando el bus.
Ya de vuelta nos dejó en el paseo de la Reforma, tras haber recorrido la colonia Roma, muy cerquita de donde teníamos el hotel. Entramos en una especie de centro comercial, matando el rato sin saber muy bien qué hacer hasta llegar al hotel, y ya, cuando nos dirigíamos a dormir, pusimos a prueba por primera vez nuestros estómagos contra la venganza de Moctezuma, comiendo tacos en un puesto callejero.
Así acabó nuestro primer día completo en el DF.

viernes, 30 de diciembre de 2011

26-07-2010 Llegada al D.F.

(Sí, ya sé que no es información actualizada, pero más vale tarde que nunca)


Después de muchas vicisitudes con los billetes de avión (primero los compramos con escala, nos lo anularon, luego entrábamos por Cancún y salíamos por el DF, y también nos lo anularon, hasta que finalmente conseguimos lo que queríamos) por fin llegamos a México DF.
No sé por qué pero casi siempre nos ha cuadrado así: tenemos que salir de casa de madrugada, casi sin dormir, para llegar a Madrid al aeropuerto con tiempo suficiente, lo que hace que cuando lleguemos a destino no hayamos pegado ojo prácticamente en 24 horas. Si a eso le añadimos la paliza del viaje, nos encontramos con que estamos muertecitos…
Total, que una vez pasados los trámites de aduana sin mayor problema, nos dispusimos a adentrarnos en la vorágine de la ciudad. La primera impresión del metro fue bastante desagradable: ruido, calor, paliza del viaje, gente pidiendo, gente vendiendo, preocupados por todas las historias de inseguridad que habíamos oído…
La verdad es que solamente fue la primera impresión, sin duda influenciados por el cansancio. El resto de los días que cogimos el metro (todos), sin duda ya acostumbrados a los vendedores, es como cualquier metro de otro sitio… Al final guardamos el recuerdo del metro con cariño.
El llegar al hotel (Hotel del Principado) también se nos hizo cuesta arriba. Las distancias, cargados con maletas, se alargan el doble, y con el cansancio ni te digo. Así que cuando llegamos al hotel, nos quedamos directamente ahí, ya que era de noche, en un sitio desconocido, y decidimos esperar al día siguiente a recorrer los alrededores.
Hay que decir que en el hotel se portaron estupendamente con nosotros, nos dieron indicaciones para todo, nos facilitaron el funcionamiento de la caja fuerte para dejar el dinero y pasaportes… Total, un 10 al trato del personal.