jueves, 13 de diciembre de 2012

13 de diciembre de 2012: En la cima del mundo.



Este día nos levantamos un poquito más pronto que el día anterior. Tampoco sin matarnos… Total, que tras un buen desayuno (el buffet del hotel es bastante bueno) a las 11:30 salíamos del hotel. Entre que llegamos a la estación de metro, hicimos transbordo y cogimos un autobús, llegamos al Dubai Mall a las 12:30. 

Es el centro comercial más grande del mundo, con más de 1200 tiendas (no he metido un cero de más, mil doscientas) de todo tipo, pero sobre todo, primeras marcas. En el autobús que te lleva desde la parada de metro hasta el mall coincidimos con una pareja mayor de Granada que estaban de visita a la hija, que trabajaba en una tienda de chocolates, y para allá que fuimos a que nos la presentaran y le preguntáramos dudas… En fin, otro rato perdido…
Lo primero que quería ver era el famoso acuario. Gracias a las indicaciones de la chica (y a los letreros que hay por todos los lados) lo encontramos bastante fácilmente. La verdad es que es e s p e c t a c u l a r… Hay una cantidad y variedad de peces alucinante, tiburones, morenas y de todo. 
 Aquí utilizamos por primera vez el bono del famoso libro de Entertainer (comprado de segunda mano a mitad de precio). Solo con este bono casi amortizamos el libro. La verdad es que yo erróneamente había supuesto que este acuario iba a ser algo así como el oceanográfico de Valencia, y nada más lejos de la realidad. Es casi el cristal que se ve por fuera, y luego todo lo que tienen montado en el interior pues no está mal, pero no merece la pena entrar solo por lo de dentro. Una de las ventajas de entrar es que te dejan estar al lado del cristal. Los que miran desde fuera tienen un cordón que les impide el paso como a cuatro metros, y claro, desde cerquita pues se ve mucho mejor. El acuario está atravesado por un tubo por el que pasas y puedes ver desde más cerca más bichos, que si no, pasarían desapercibidos. Pero antes de entrar al tubo, la foto de rigor, para un cutremontaje que puedes comprar en la salida. Oye, vaya capacidad tenían luego para fichar al personal. Se te acercaban con tu foto en la mano, no se les escapaba uno… Bueno, pues esto era el acuario. La entrada también incluía una visita al underwater zoo, que estaba dos pisos más arriba. Aquí te daban un paseo por la superficie del acuario en una barca con el suelo de cristal, barca movida por fuerza animal. El capitán iba tirando de una cuerda para arrastrar la barca por el recorrido, tipo balsa de cruce de río… Y luego pues había más bichos en terrarios y acuarios pequeñitos: iguanas, camaleones, serpientes, escarabajos… cosas de esas. 


Y como brillante colofón, nutrias (a la que quitan todo el encanto que tiene el animal llamándola water rat), castores y pingüinos. Con la entrada también te dan un bono de regalo de 20  dirhams en la tienda del zoo, así que no tuvimos más remedio que usarlos.
Con todo este movimiento se nos había hecho la hora de comer, y afortunadamente estábamos cerca del food court, algo así como la plaza de la comida, donde están todas las franquicias juntas, desde las más conocidas como BurriKing, McD, KFC, PizzaHu… a otras totalmente desconocidas para nosotros. Primero intenté llevar a mi madre a un restaurante japonés, pero la verdad es que era de comida rápida y no tenía muy buena pinta. Al final, para aprovechar otro bono de los del libro, terminamos en una hamburguesería llamada Burguer Fuel. Yo me pedí una pequeñita, la monsternosequé… Buah… Tenía salsa de aguacate, remolacha… riquísima… Como estaría que con solo la hamburguesa ya no me quedaron ganas de tomar el tradicional helado de postre, y eso que también teníamos vale de 2 x 1… Bueno, quiero creer que quizá el jet lag tenga algo que ver. Llevamos dos días aquí y la hora de comer son como las doce del mediodía en España…


A las 16:30 teníamos las entradas para subir al At the Top, la torre de Burj Khalifa (redundancia, porque Burj es torre en árabe), yo como no sabíamos por donde quedaba nos tuvimos que poner en marcha. Tardamos más de media hora en llegar, yendo rectos, para que os hagáis una idea de las distancias. Bueno, por el camino paré a medio ver una tienda de Nike y otra de Columbia que había enfrente, ambas con grandes rebajas, y a las que prometí volver, pero el rato ese no lo cuento en la media hora. Finalmente, a la hora fijada en punto, entramos en el invento. Hasta que llegas al ascensor te van enseñando la comparación con los otros edificios altos del mundo, la historia de Dubai (otra vez, ja), hasta que llegas a la cola. 

 Yo había cogido esta hora para pillar fotos de día y fotos de noche. Bueno, pues a las fotos de día llegué justito. Desde las cuatro y media que entramos hasta que llegamos arriba pasaron tres cuartos de hora haciendo cola en el ascensor tranquilamente. El ascensor sube desde el tirón hasta el piso nosecuantos, a más de cuatrocientos metros de altura, y parece que ni se mueve, ni al principio ni al final, de lo suave que va. La torre tiene 828 m. Se ve desde 95 km. de distancia. Todo esto sacado del documental de cómo se hizo que te tragas una y otra vez mientras haces la cola para el ascensor… Luego arriba puedes estar el tiempo que quieras. Hay una parte que está al aire libre, y con un hueco entre los paneles de cristal para que puedas sacar la máquina retratadora. Pero también hay otra parte que está cerrada, y hay los reflejos en los cristales no se pueden remediar. Como ya digo subimos justitos justitos, y rápidamente anocheció, con lo cual pude sacar las fotos que quería. 

 Cuando subimos arriba también había una cola para bajar de la leche, así que en previsión, una vez hechas todas las fotos, bajamos con tiempo para ver el espectáculo de las fuentes. En esta ocasión no había más que dos chicas delante de nosotros, así que no tuvimos que esperar más que un ascensor. Bueno, dos, porque uno se escapó vacío, que la que tenía que estar al tanto no lo estaba tanto (qué bonito juego de palabras). Y nada, caminata de nuevo por el mall para llegar a la zona de la fuente. Llegamos con diez minutos de margen. El espectáculo comienza a las 18:30, y ya quedaban pocos sitios en la barandilla. Por lo menos al lado de la puerta, ya que como somos bastante borreguiles más allá había más y mejor sitio, pero nada, todos al principio. De todo lo que hemos visto hasta ahora lo de las fuentes ha sido lo que más me ha gustado. La primera canción ha sido el Thriller de M. Jackson, y era muy chulo ver a los chorros moviéndose adelante y atrás y a los lados como los zombies del vídeo… Guay. Luego un par de canciones de música árabe, otra de música clásica, y el Take a walk on the wild side de Lou Reed, también genial. Desgraciadamente no pudimos quedarnos a otra función. 



Con la distancia del mall y las que hay luego para moverse tuvimos que ir a coger un taxi para la próxima cita: la cena en el Kaleidoscope, un restaurante del hotel Atlantis, ese que está en un extremo de la famosa palmera artificial construida en el mar. En el taxímetro en esta ocasión recorrimos 23 km. 
Llegamos al hotel cuando quedaban diez minutos para las ocho, hora de la reserva, y entre que entramos, vimos el panorama, otro acuario gigantesco llamado The Lost Chamber, y encontramos el restaurante, eran las 20:00, justo a tiempo. 


Esta cena era tipo buffet. Desafortunadamente no pudimos cumplir el dicho ese de desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo… Yo no comí mucho, pero lo de los postres fue caso aparte. Además de los postres normales este día tocaba menú árabe, y tenían postres tradicionales árabes, entre ellos baklawa (que yo creo que es turco, pero bueno, no se lo dije no fuera a ser que lo quitaran…) aparte de una fuente de chocolate para que untaras brochetas de piña, jamones de gominola…  hasta churros! Nos mereció la pena totalmente.

No lo he comentado hasta ahora, pero todo el personal es más que amable, muy servicial, sin ser sumisos ni esperar nada. Te acompañan al taxi, te abren la puerta, siempre con una sonrisa. La verdad es que así da gusto. En todos los sitios.

Y después de la cena, a recorrer los 33 km que quedaban de vuelta a nuestro hotel. Otro día cumplido.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

12 de diciembre de 2012: Viva el lujo!



Tras dormir escasamente seis horas no nos quedó más remedio que levantarnos a desayunar, ya que cerraban el restaurante. Así que una vez desayunados no nos quedó más remedio que volvernos a meter a dormir a ver si nos hacíamos personas para poder afrontar el día.
Después de media horita de sueño reparador nos pusimos en marcha. El conserje del hotel nos facilitó el último trámite que nos quedaba: reservar el Desert Safari.
La ubicación de nuestro hotel era bastante buena (de momento). Justo enfrente está el museo de Dubai, así que esa fue nuestra primera parada. Qué decir del museo de Dubai que no se haya dicho ya… en fin… No es excesivamente caro (unos 70 céntimos la entrada), no lleva mucho tiempo verlo… Lo que más me llamó la atención fue el cariño que muestran los dubaitís por la taxidermia… Oye, todo lleno de animales disecados… Nada más entrar, tres gaviotas colgando de un sedal que uno piensa: qué pintan aquí estos bichos… Luego un flamenco a juego… Pero es que dentro hay muchos más: disecan de todo, camellos, murciélagos, coyotes, cabras… Eso sí, para dar realismo a unos dioramas que no hay por donde agarrarlos… Pipa me lo pasé haciendo fotos a los dioramas… Claro, es que hasta hace 60 años la historia de Dubai es, no voy a decir inexistente, pero casi desconocida.


Un arco tribalero




Después de este goce para los sentidos nos encaminamos al zoco textil. Había de todo, cosas cutres y cosas más cutres… Son las telas con las que se hacen ellos y sobre todo ellas los vestidos, pero hay algunas telas que supongo que serán para pijamas, porque hay que tener valor para salir con esos estampados por la calle (y lo digo yo…). Tras apartar a la gente que intentaba vender passsshhhhminas (parecían Rajoy) nos dirigimos al muelle del creek, la ría, vamos. 




Yo había leído algo sobre el Heritage Museum y para allá que nos fuimos. Al final no resultó eso, sino otro interesantísimo museo: la casa de Sheikh Shayed al Maktoum, el padre del invento. Tampoco valía para mucho, pero bueno, el paseo fue agradable. 


A la vuelta, aunque habíamos desayunado tarde, ya se nos había hecho la hora de comer. En un sitio que habíamos visto paramos, una terracita junto al agua, para poder disfrutar de la vista de los barcos y las gaviotas. La comida estuvo bastante rica. Yo pedí un kebab con yogur, y era carne de cordero tierna con especias. Me gustó. Y queso frito y humus.


Tras esto fuimos a coger un abra, una embarcación tradicional que por un dírham te lleva de un lado al otro de la ría en un par de minutos. Y es que amigos, al lado norte de la ría se encuentra el zoco del oro. Momento temido del viaje dada la afición de mi madre a comprar… He de anticipar que no llegó a mercar nada, pero bueno, disfrutó bastante viendo las impresionantes obras de arte en oro, con un gusto exquisito, para nada recargadas (ejem). Y recordándome cuando era menester que por qué no le había traído un anillo de tanzanita… (fallo imperdonable).



La famosa tanzanita

Aprovechamos para cambiar un poco de dinero aquí, a una tasa bastante mejor que en el aeropuerto (a 4,7), y luego callejeamos un rato por el zoco de las especias, donde compramos alumbre.




Una vez anochecido regresamos al hotel igualmente usando una abra. Teníamos que ponernos de bonito para ir al lujo! Cuando nos duchamos, afeitamos (mi madre no) y nos vestimos con nuestras mejores galas, cogimos un taxi para encaminarnos al Burj al Arab, el famoso hotel con forma de vela, el único hotel de 7 estrellas del mundo. Este hotel que se encontraba a 23 km del nuestro, según marcaba el taxímetro. Tras superar sin problemas el control de entrada (es necesario reserva previa), el taxi nos dejó al otro lado del puente, en la puerta principal. Lo primero que vimos fueron dos Rolls Royce que eran los taxis para los clientes del hotel. Dentro el hall era impresionante, con una fuente con juegos de luces y chorricos de agua bien chula. Y había dos acuarios enormes en las paredes. Pero grandes grandes. Estuvimos pajareando un rato hasta que se nos hizo la hora de subir al sky bar, en el piso 27 del hotel.
Estaba muy bien decorado, con un grupo tocando música ligera en directo que sonaba muy bien, pero la mesa que nos tocó no tenía muy buenas vistas. Yo me pedí un pisco sour, para rememorar buenos tiempos pasados, y mi madre un piña colada. Iba con el antojo y aunque no venía en la carta se lo prepararon. Y nos pusieron para picar unos maíces, que esto fue un poco cutre para lo que estábamos pagando (más de 50€ cada uno) pero bueno… También nos pedimos un surtido de postres. Teníamos que hacer un gasto mínimo de esos 50€, y no nos apetecía gastarlo todo en cocktailes, así que el surtido de postres. 5 postres. Más de 25 €. 5 postres minúsculos, que pasamos apuros para partirlos por la mitad para repartirlos… En fin…


En esto, cuando terminamos el plato, que se nos acerca el camarero y nos dice que una de las mesas buenonas se había quedado libre, y que si queríamos nos trasladaba allí. Así que rápidamente antes de que la ocuparan otros. Esto ya era otra cosa. Vistas alucinantes, y fotos también. Esto sí que merecía la pena. Así que nos pedimos otra piña colada. Tras dar buena cuenta de ella le pedimos la cuenta al camarero y nos dice que no habíamos llegado al mínimo y que si queríamos nos entraba otra piña colada… Así que adelante, a por la tercera…. Después de esto ya sí que nos fuimos, haciendo todas las fotos que no había hecho al entrar.







El hotel este está bastante cerca de una zona que había leído que estaba bien, el Souk Medinat Jumeirah. Realmente está a cinco minutos andando. Llegamos enseguida y nos pusimos a zascandilear por las galerías y los restaurantes, pero ya era bastante tarde y la mayor parte de las tiendas estaban cerradas. Pero en esto que vemos un puesto tenderete de frascos de arena con dibujos. Y mi madre que llevaba detrás de frascos de esos (vacíos) que ni sé. Así que allí hicimos la casi única compra del día, y nos fuimos al hotel más contentos que unas castañuelas. 



Nos tocó hacer una cola de unos diez minutos para el taxi. Eran más de las once de la noche y la gente salía de cenar. Pero tras recorrer los 23 km de nuevo en 16 minutos (los taxímetros de aquí te marcan todo esto, además del importe de la carrera), llegamos al hotel a descansar, que nos lo habíamos ganado.

11 de diciembre de 2012: Rumbo a Dubai. Otra vez en marcha.




Esta vez casi empezamos con susto. Llegué con solo cuatro minutos de adelanto para coger el tren a Madrid… A partir de ahí se dio todo rodado: metro a Barajas, facturación, control de rayos, tren a la otra zona de la terminal… Pero nuestro avión llegó con retraso. Así que salimos con retraso (50 minutos) y aunque el comandante nos dijo que aun así llegaríamos a la hora prevista, efectivamente llegamos, pero no pudimos aterrizar ya que habíamos perdido el slot había bastante tráfico. Estuvimos una hora dando vueltas sobre Dubai (o donde fuera) esperando tener hueco hasta finalmente aterrizar. Nosotros no teníamos prisa (relativamente) pero los que andaban con vuelos de enlace con conexiones justas de tiempo estaban que se subían por las paredes.
El vuelo fue muy agradable, se me pasó el tiempo volando (si no lo digo reviento) leyendo el libro electrónico. No hubo turbulencias y la comida estuvo bastante bien.


El siguiente trámite fue el visado. Como habíamos tenido que esperar a que aterrizaran todos los vuelos, pues teníamos delante a ni sé de gente. Y eso que había un montón de colas, pero como suele suceder, nos tocó al torpe… Menos mal que con nosotros no se entretuvo mucho, pero estuvimos una hora haciendo cola. El cansancio ya se empezaba a acumular.

Tras obtener el visado recogimos las maletas, que debían llevar una hora dando vueltas, tenían que estar más aburridas que nosotros. Después de esto a cambiar dinero, no mucho, ya que había leído que en el aeropuerto el cambio era peor (a 4,5 el euro). Y luego a pillar un taxi. Aquí, al ir con mi señora madre, cogimos unos que hay para mujeres. No solo para mujeres, pero que si hay una mujer en el grupo se pueden coger. Era curioso porque las conductoras iban de uniforme rosa chicle muy bonito y el techo del taxi también era rosa. La tía conducía muy bien, con un control terrible. Así que finalmente, a las tres de la mañana hora local, llegamos al hotel y tras un breve refrigerio de sándwiches españoles nos metimos a dormir…


lunes, 3 de diciembre de 2012

11 de agosto de 2012. Otro que se acaba.



Todo lo que tiene un principio tiene un final. Y el de este viaje estaba bien cerca. Después de desayunar y hacer el check out en el hotel nos dirigimos al mercado de Kariakoo, pensando yo que iba a ser un mercado de artesanías. Pero nada más lejos de la realidad. Es un auténtico mercado local, que además, al ser sábado, estaba hasta arriba y algo más… Increíble la cantidad de gente que había por todos los sitios. Casi todo mujeres comprando, aunque en las tiendas atendiendo había de todo… Las mujeres con sus vestidos de colores, todo muy animado, pero a mi me resultó un poco agobiante. Puedo decir con casi toda seguridad que éramos los únicos mzungu que había allí… Además se nos ocurrió subir a unas galerías donde vendían telas, con unos pasillos superestrechos, te empujaban por todos los lados… En el mercado vendían de todo. Y aunque el edificio del mercado en sí no estaba mal de tamaño, las calles aledañas eran las que soportaban casi todo el jaleo. Estaba todo relativamente ordenado, con las calles del menaje, las calles de las camas y muebles de madera, las calles de las telas… Y todo hasta arriba.
Una vez visto esto, que no estuvo mal la experiencia, nos paramos a descansar en una especie de terraza-patio que encontramos en nuestro camino. Y allí estuvimos casi una hora más a gusto que ni sé, tomando una cervecita, mientras la gente ya casi comía (no recuerdo bien pero debían ser como las 11).
Después de este merecido descanso nos decidimos a acercarnos al mercado de Mwenge, con bastante respeto por la decepción sufrida en el mercado de Kariakoo. Este mercado en teoría era todo de artesanías, y como había leído que se aquí se podían obtener los mejores precios de Tanzania había dejado casi todas las compras para el último momento. El principal problema de este mercado es que está bastante alejado de todo. Después de negociar el precio con un taxista tardamos como tres cuartos de hora en llegar. Pero como tampoco teníamos otra cosa que hacer pues nos vino bien para hacernos una idea de los arrabales de Dar. Le dijimos al taxista que si nos esperaba le pagábamos lo mismo por la vuelta que lo que le habíamos dado en la ida… El tío no se lo creía, se le hacían los ojos chirivitas, así que allí nos estuvo esperando hora y media… (para mí que hice el tonto de no haber cerrado la vuelta también a la ida, pero bueno…)
Este mercado, efectivamente era todo de artesanía, en su mayor parte tallas de madera, pero también hay pinturas bastante chulas, camisetas y cosas variadas. Todos te llaman para que entres a sus tiendas, pero sin agobios, no son pesados en ningún momento. Para mí este mercado tiene el tamaño perfecto. No es grande como para que no sepas ni por donde empezar, ni es pequeño como para que tenga tres tiendas.
Hombre, las cosas estaban bastante más baratas de lo que habíamos visto en todo el viaje, pero con el precio del taxi nos costaron más dinero. Eso sí, en variedad no tenía comparación. La mayor parte de las cosas que compramos no las habíamos visto en ningún sitio, y fueron las que más nos gustaron.
A la vuelta nos dejó en el hotel para descargar las bolsas de las compras y repartirlas en las maletas. Además nos dejaron imprimir las tarjetas de embarque del avión, todo un detalle del hotel. Así que un poco tarde, para variar, nos fuimos a comer a las mismas galerías comerciales del día anterior, que tenían un batido que no he probado yo una cosa mejor en la vida… Ya teníamos todo el día hecho, así que la corta tarde nos dedicamos a estar sentados en un banco y ver pasar a la gente. Estuvo bien, y tampoco teníamos más cosas que hacer.
Ya sobre las seis y media que empezaba a anochecer compramos en un supermercado algo para cenar en el aeropuerto (me quedé sin otro batido, mecagüen…) y para el hotel, a recoger los bártulos. Desde allí mismo nos avisaron a un taxi, bastante barato, y a las ocho llegamos al aeropuerto. Solo nos quedó hacer tiempo hasta las dos de la mañana que salía nuestro vuelo. Entre sueños y paseos se hizo pesado, pero se hizo. Luego en el enlace en Estambul aprovechamos, igual que en la ida, a gorronear delicias turcas de las degustaciones de las tiendas, jejeje… De este día no hay fotos... No me sentía yo muy seguro llevando la cámara al aire, por lo que pudiera pasar...

viernes, 30 de noviembre de 2012

10 de agosto de 2012. Retorno al continente.

Tras desayunar nuevamente con los juegos olímpicos tuvimos que bajar las maletas y dejar la habitación. Nuestro barco salía a las 12:30. No lo habíamos querido coger demasiado pronto (a las 9:30) ya que queríamos pasar un tiempo más en Stone Town para rematar compras, ni tampoco demasiado tarde (a las 16:30), ya que las dos horas de travesía harían que llegáramos a Dar de noche, que no es lo más aconsejable. Aprovechamos esas dos horillas que nos quedaban para disfrutar un poco más y empaparnos de las callejuelas y recovecos que no habíamos visto, y repetir lo que más nos había gustado. Lo primero que hicimos fue ir a cambiar la sortija de tanzanita de Adela, que después de darle muchas vueltas pensó que era pequeña para lo que su madre merecía. La mujer de la tienda nos atendió una vez más fenomenal y sin ningún problema nos la cambió. Luego seguimos nuestro paseo. 




Pero como aquello no es realmente muy grande, y como era viernes, su día festivo y muchas cosas estaban cerradas, antes de la hora prevista habíamos terminado, y fuimos con tiempo al puerto. Aunque no estaba muy lejos, unos diez minutos andando, preferimos coger un taxi para evitar ir cargados con las maletas. Así que llegamos rápidamente y entramos al control del visado. Aquí vimos todos los extranjeros que no habíamos visto en la isla los días de atrás, muchos de ellos cargados con mochilones de esos que solo llevan los que hacen un viaje largo, de varios meses… Qué envidia!!






El ferry llegó puntual (más o menos) y el embarque se hizo de forma ordenada (más o menos), y como nosotros íbamos en primera clase nuestros asientos estaban fenomenal, en una sala cerrada, con aire acondicionado. Pronto aquello empezó a moverse, y aproveché para sacar las últimas fotos de la isla, según nos íbamos alejando. 




Dentro, en la sala, se estaba muy bien. Bueno, miento, al principio se estaba muy bien. Luego, según avanzaba la travesía, aquello empezó a hacer la lavadora, a dar vueltas y más vueltas. Yo, que raramente me mareo (y soy un poco malo), me hacía gracia lo mal que lo pasaba la gente, y empecé a comer cosas grasientas delante de todo el mundo, que casi se mareaban más… Pero Adela también empezó a ponerse de colores, y yo le conté el truco que me enseñaron en buceo, cuando vas con la lancha y la cosa se mueve mucho: Mira a un punto fijo a lo lejos. Pero claro, en alta mar, sin referencias de costa y sin nada era verdaderamente difícil, y lo único que encontró fue una nube. Y así, totalmente concentrada en mirar la nube, como pudo, pasó el resto de la travesía. La gente salía a cubierta a expulsar sus males, y yo salí un par de veces a ver cómo estaba el tema, y porque me aburría… Pero a media travesía o así yo también me empecé a marear, y no hacía más que mirar el reloj a ver cuanto nos faltaba. Afortunadamente la cosa no pasó a mayores. 





Una vez en Dar, en la terminal del puerto, nos dispusimos a ir a nuestro hotel, que estaba relativamente cerca. Tras rechazar múltiples ofrecimientos de taxi me situé, y en algo más de diez minutos llegamos al hotel. Tanzanite Executive Suites. Es un buen hotel situado en una buena zona. La habitación era una pasada, y el baño, el mejor de todo el viaje. Tras tomar posesión, nos dispusimos a disfrutar de un relajado paseo por Dar. Nuestro hotel estaba a menos de cinco minutos de la avenida más famosa y concurrida, la Samora Machel Av. , en honor del lider de la independencia de Moçambique (ains, qué tiempos…). Tengo que decir que la decepción fue mayúscula. No hay nada que ver. Y mira que ya había leído que realmente no tenía muchas cosas, pero es que no había nada. Así que bueno, por lo menos disfrutamos de un tranquilo paseo. Nos acercamos hasta la famosa Clock Tower, y no es más que una rotonda con el pirulo en medio. Tanto es así que nos la pasamos pensando que sería otra cosa. Cuando ya los nombres de las calles no me empezaron a sonar con lo que había en el plano, dimos media vuelta, y de aquí, a visitar la estación de trenes, de donde tenía que haber salido dos años antes con mi amigo Fernando y no salí… La estación de trenes tiene su punto, con la cantidad de gente que mueve a su alrededor. Había muchos puestos callejeros de ropa, pantalones, camisas, también de relojes…
Salimos otra vez hasta la Samora Machel Av., y de aquí nos paramos a ver dos catedrales, una católica (creo) y otra protestante (creo). Esto fue muy curioso porque en la primera de ellas estaban celebrando bodas, pero como ocho o diez a la vez, así que estaban todas las parejas frente al altar, con todos los invitados muy bien vestidos, al estilo occidental, y unos cochazos fuera adornados con floripondios…
Seguimos un ratillo el paseo, pero al ver que anochecía decidimos volver al hotel antes de salir a cenar en un sitio que habíamos fichado, una especie de hamburguesería que por lo visto pertenecía a una cadena sudafricana. Cuando ya se nos hizo la hora de cenar nos acercamos al sitio, andando, igualmente en la avenida Samora Machel. El restaurante no estaría a más de diez minutos. Cuando llevamos la mitad del camino se nos acerca un chico (más bien venía caminando detrás nuestro y nos adelanta) y nos dice que cuidado con las mochilas (Adela llevaba una sobre un hombro) que él ha visto muchos robos a turistas por esa zona, que pasan con un coche cerca de la acera y te pegan el tirón. Tras agradecérselo y ponerse bien puesta la mochila, pensamos que ni en la mejor calle de Dar estábamos tranquilos… Así que tras una cena que no estuvo mal, cogimos un taxi que me daba las largas desde el aparcamiento frente al burguer, para llevarnos de vuelta al hotel y pasar lo que sería nuestra última noche en Tanzania.