viernes, 13 de enero de 2012

11-08-2010 El último día en México


Último día en México, pero que aprovechamos como el primero… Nos levantamos prontito para ver las ruinas de Tulum. Están cerquita, y en poco más de media hora te plantas allí. Las ruinas como tales no están mal, pero no son ni de lejos como el resto que habíamos visto antes. Lo que las hacen especiales es la ubicación, en un acantilado frente al mar, junto a una playa de aguas claras. Eso y que sabíamos que eran nuestras últimas horas allí, y las disfrutábamos especialmente.







Tras ver las ruinas, de vuelta corriendo al hotel, una última ducha para recoger las maletas, y salir pitando a las 12 del mediodía hacia la estación de buses, que teníamos que estar a las 14 en Cancún que a las 16 salía nuestro avión… Ya podéis ver el trajín…
Y poco más que añadir. De Cancún al DF, y de allí a Madrid. Como anécdota, decir que ese día jugaba España contra México, el primer partido tras ser Campeones del Mundo, y el azafato del primer vuelo nos iba informando…
A la vuelta, en las maletas en Barajas, nos encontramos con Manolo el del bombo…
Y como comento siempre, al llegar a casa unos pocos días de descanso y a preparar el siguiente.

jueves, 12 de enero de 2012

10-08-2010 Tiburón Ballena


Este día tocaba una de las experiencias fuertes del viaje, el buceo con el tiburón-ballena.
Nos pasaron a recoger prontito por la mañana ya que teníamos que ir a Cancún a bucear. Cuando llegamos al puerto de embarque ya empezamos a ver la magnitud del acontecimiento. Estaba todo petado de gente. Eso sí, nosotros los más chulos. Mientras otros esperaban sin más allí al sol, a nosotros nos prepararon un desayuno en toda regla, en unas cajas que nos hicieron de mesa, y nos pusimos morados.
Después, tras casi dos horas de navegación, llegamos a la zona del tiburón ballena. Allí habría cerca de 20 barcos como el nuestro, pero lo espectacular era lo que había en el agua… Serían como 70-80 ejemplares del bicho. Los vas viendo según te vas acercando y es impresionante. Los hay de todos los tamaños (siendo todos enormes), pero los realmente grandes lo eran casi más que nuestro barco. Y con la piel mojada, con los reflejos del sol… Alucinante.



A la hora de nadar con ellos solamente te dejan tirarte por parejas, para no atosigar al animal. Se tira una pareja al agua, están como diez minutos, el barco los recoge, y se tira otra pareja. El truco es tirarse cerca de la boca, para ver al animal pasar. Y es que aunque pienrelas con las aletas como un descosido y parece que ellos se mueven despacio, con un solo aletazo avanzan a toda leche…



La primera vez en el agua ves pasar al bicho y piensas, madre mía, si soy una mierdecilla. Luego ya la segunda vez vas cogiendo confianza y tratas de acercarte más para verle mejor. Hubo hasta una tercera vez, cuando el resto de barcos se habían ido y nos quedamos allí nosotros solos… Ya he dicho que éramos los más chulos…



A la vuelta, tras otra hora y media de navegación, paramos a comer en una isla. Como en las películas. El barco para cerca de la orilla, te tiras al agua que te cubre hasta la cintura, y sales del agua justo al restaurante. Allí nos sirvieron un rico pescado, y para rematar una cucaracha, que era tequila con nosequé…
Un día lleno de experiencias de las que recordaré para siempre.

miércoles, 11 de enero de 2012

07 al 09-08-2010 Cenotes y Playa del Carmen


Todos estos días los pasamos en Playa del Carmen. El plan era básico: bucear por la mañana (yo) y paseo por la tarde. Adela, mientras yo buceaba, se dedicaba a pasear, a hacerse algún masajito y a quedarse en la cama un ratito (ejem) más.
Los dos primeros días buceé en cenotes. La península del Yucatán está horadada por una red de túneles cuyas bocas de entrada son los cenotes.
La verdad es que a mi el buceo en cenotes no me gustó. Iba con demasiadas expectativas, y no deja de ser una triste cueva, sin un pececillo ni nada. Una cueva. Además tienes que seguir obligatoriamente una cuerda que hay en el suelo, que indica el camino. No seguirlo puede ser peligroso, te puedes perder por las cuevas y quedarte sin aire.



Sí tiene estalactitas y estalagmitas chulas, pero es una cueva. Así que el primer día fue decepción total. Lo mejor del día fue que pregunté al chico que nos hacía de guía (un chico de Madrid) donde se podía comer bien en un sitio local, y nos mandó a un sitio a cenar, lleno de mexicanos, donde estaba todo estupendo.
El segundo día, aun sin acabar de gustarme, la cosa mejoró. Los juegos de luces del agua, alguna haloclina que atravesamos, y ya saber a lo que vas hizo que disfrutara un poco más.




Esta tarde nos acercamos a Xcaret, un parque temático que hay cerca de Playa del Carmen. La parada del combi nos pillaba cerca del hotel, y luego en 20 minutos llegamos. Pasas bajo la carretera y allí mismo te coge el “despeinado”, un autobús que te lleva a la entrada al parque.
El parque en sí no lo vimos bien, un poquito los manatíes y otro poquito las tortugas. Al llegar un poco tarde no nos dio tiempo, porque todo está enfocado al gran espectáculo nocturno. Es chulísimo.
Está dividido en dos partes. La primera trata de narrar lo que fue la conquista. Primero están las indígenas tan chulos, con sus ritos, sus cultos y sus cositas, jugando a la pelota (que vaya paliza se llevan los que hacen la representación) hasta que llegan los españoles y… bueno, ya sabemos lo que pasa…
La segunda parte es más animada. Es una representación de los distintos bailes regionales de los estados mexicanos, desde los que conservan más sabor criollo, a los mariachis, rancheras, bailes con el lazo… Espectacular… Sales entonando la musiquilla todo contento. Los bailarines, auténticos profesionales, nada cutre ni desorganizado.






Luego, de vuelta al pueblo, otra vez despeinado + combi, y nos dejó cerquita de nuestro hotel, así que tras una cervecilla, a descansar.
El último día de esta serie de tres el buceo fue distinto. En lugar de cenotes, Playa del Carmen, en mar abierto y lleno de peces y corales, donde disfruté como un enano. Y por la tarde, compras en Playa del Carmen.








martes, 10 de enero de 2012

06-08-2010 Chichen Itza

Habíamos quedado el día anterior con los italianinis en que compartiríamos taxi para acercarnos a la estación de autobuses de Mérida. En minutos escasos habíamos llegado. En lo que pudimos ver nosotros en México los embarques a los autobuses están bastante bien controlados. Nos hubiera gustado haber tenido el coche para haber podido madrugar y ver Chichen Itza solos, pero cuando quisimos llegar estaba todo lleno de autobuses y de gente. Al decirnos todo el mundo y haber leído aquí era donde se deberían hacer las compras, yo pensaba que los puestos y tenderetes estarían a la entrada al recinto. Pero qué va!! Están dentro del recinto, por todos los lados, tanto que casi da la impresión de que son unas tiendas y de vez en cuando un monumento, en lugar de monumentos y de vez en cuando algún puesto. A nosotros nos pareció que no estaba muy bien señalizado, y perdimos algo de tiempo buscando algunas cosas.
Lo primero que vimos nada más llegar fue la famosa pirámide, la típica, la que sale en todas las fotos. Tuvimos suerte, y la riada de gente nos pilló por delante o por detrás, y pudimos sacarnos las fotos tranquilos.

Todos los puestos de artesanía dentro del recinto... bueno, solo algunos de todos los que había...


Después de tres horas visitando aquello volvimos a la consigna a recoger el equipaje. Esto lo tienen bastante bien montado, una consigna gratuita para los que, como nosotros, están de paso.
Y allí, en la misma puerta del yacimiento, para el bus para Playa del Camen.
Al final el olvido del carnet de conducir no fue para tanto. Se nos resolvieron los problemas de una manera muy cómoda, por lo bien organizado que lo tienen. La única pena, lo de Ek-Balan… pero no se puede tener todo…
La estación de buses de Playa del Carmen estaba solamente a dos manzanas de nuestro hotel, el Hotel Alux, un hotelito de dos estrellas, pero en pleno centro de Playa… Nada de estar alojados en los resorts de la carretera, a kms. del centro y sin poder casi salir de allí a menos de hacerlo con taxis…



El final de ese día lo aprovechamos en acercarnos a una superficie comercial para comprar el desayuno del día siguiente, que este hotel no tenía comedor…

lunes, 9 de enero de 2012

05-08-2010 Mérida y Uxmal


El viaje no se hizo malo. Pude dormir bastante. Al llegar a Mérida, con la preocupación de no tener carnet de conducir, lo primero que hicimos fue coger un taxi para ir a la agencia de alquiler de coches. Una vez allí le comentamos, antes que nada, que no tenía carnet. Me dijo que entonces no era posible el alquiler. Como llegamos antes de que empezara la reserva la pudimos anular sin coste alguno. La chica de la agencia, muy simpática, nos insistió en que si queríamos ir a Chichen Itza, nos diéramos prisa para comprar los billetes, porque corríamos el riesgo de quedarnos sin plazas. Nos indicó una oficina cercana, y para allá que fui. Compré los billetes de Mérida a Chichen Itza (los dos últimos que quedaban) y de Chichen Itza a Playa del Carmen. El primer problema, solventado, aunque a costa de dejarnos cosas que ver por el camino, sobre todo Ek-Balam, que yo le tenía muchas ganas. Una vez hecho este trámite, otro taxi y al hotel (Hotel Dolores Alba). Allí también fueron superamables y nos dejaron ocupar la habitación a las 08:30 de la mañana. También nos informaron que desde el hotel se organizaban excursiones a Uxmal, así que después de pensárnoslo no mucho, decidimos cogerla (270 pesos cada uno). 


Todavía nos daba tiempo a un ratito de descanso, así que nos echamos una siesta de una horita. A la hora convenida bajamos a la recepción, y tras cinco minutos de espera llegó nuestro chofer. El grupo era pequeño, una mujer mayor, una pareja de italianinis y nosotros. Tras una hora y media de viaje, aproximadamente, llegamos a Uxmal. Hacía bastante calor, comparado con lo que estábamos acostumbrados en Chiapas. Estuvimos un buen rato, sin prisas, viendo la pirámide del Adivino, el cuadrángulo de las monjas, el juego de pelota… A pesar del calor estas fueron probablemente las ruinas que más me gustaron. 



 


 
Después nos dirigimos a Kabah, que en nuestro plan original no teníamos previsto ir, pero al tenerlo incluido pues lógicamente lo aprovechamos. Las ruinas no son demasiado extensas y a mi me gustaron también bastante. Luego volvimos de nuevo a Uxmal, para que la señora mayor comiera, ya que ella lo tenía incluido en su viaje. Así que la pareja de italianinis y nosotros nos quedamos allí de pinote, buscando cualquier sombra, parados a traición.




En nuestro plan habíamos pensado ir a ver una reserva de flamencos, pero con esto nos dimos cuenta que casi mejor que nos hubiéramos quedado sin coche, porque no nos hubiera dado tiempo a acercarnos. O si hubiéramos ido, no habríamos tenido tiempo para ver Mérida.
A la vuelta a Mérida tras pasar por el hotel, a ver la ciudad. Lo primero fue dirigirnos al Zócalo, tomar el helado que nos habían recomendado los españoles con los que coincidimos en la estación de autobuses de Palenque. El sitio se llama Heladería Colón y está al lado del ayuntamiento. Según nos comíamos el helado aprovechamos para ver el ayuntamiento, que sus murales, aunque no son los de Diego Ribera, también son espectaculares. Y después, visitando el centro de la ciudad, íbamos esperando que se hiciera la hora de asistir a la Serenata Yucateca, un concierto que todos los jueves de verano se ofrece en una plazuelilla tras el ayuntamiento. De esto nos informó nuestro chofer de por la mañana. Fuimos pronto para coger un buen sitio, y la verdad es que nos encantó. Era el grupo de danza de la ciudad de Mérida, un grupo de chicos y chicas jóvenes haciendo distintos bailes típicos, muy bien hecho, presentado por una pareja de muñecos bastante graciosos, y con alguna que otra actuación en directo. Mereció totalmente la pena.



Total, que se nos hizo un poco tarde para cenar, y el único sitio que encontramos abierto estaba bastante desangelado, pero como no había otra opción, pues allá que nos fuimos. Estábamos solos en el local, los camareros mirando, pero luego la comida estaba riquísima. Yo probé por fin la cochinita pibil, y Adela se tomó de postre una infusión de unas hojas (que no recuerdo) que también le encantó.



Y el día no nos dio para más, bastante habíamos hecho, y al día siguiente tocaba de nuevo madrugar.

domingo, 8 de enero de 2012

04-08-2010 Palenque, Agual Azul y Misol-Ha

(aunque no por ese orden)



Este día sí que nos tocó madrugar. Nos íbamos a Palenque. Igual que el día anterior, habíamos contratado la excursión en el propio hostal (350 pesos cada uno). Hasta última hora no supimos si íbamos a salir o no, porque con las lluvias de días atrás había habido algunos derrumbes en la carretera y estaba cortada. Después de pasar a recoger a más gente, tuvimos algún tipo de avería con la furgoneta, que hizo que saliéramos más tarde. Como nosotros nos quedábamos en Palenque, llevábamos las maletas con nosotros. Iban bien sujetas en la parte superior de la furgoneta. El día amenazaba lluvia, así que les dije que las taparan con una lona. Yo llevaba mochila en vez de maleta, y se podía mojar fácilmente. Me dijeron que si todavía no llovía para qué las iban a tapar. Les dije que mejor taparlas ahora que no llovía que esperar a que empezara, que ya se iban a haber mojado, y además se iban a mojar ellos mientras las tapaban, pero me dijeron que no, que si se ponía a llover ya las taparían. Así que como al rato empezó a pintear, pues nada, les obligué a parar a poner la lona. Y ellos con malas caras porque no llovía mucho, porque no habían querido hacerlo en su momento. Y menos mal, porque luego se puso a llover pero bien.
La primera parada fue para desayunar, porque como habíamos salido muy temprano la mayoría de la gente no había desayunado. Las carreteras estaban bastante reguleras, con desprendimientos, pero se podía circular.
Al final, tras un largo camino llegamos por fin a Misol-Ha. Es un conjunto de cascadas, conectadas entre sí. Merecen la pena pero tampoco son espectaculares. Lo mejor no son las cascadas en sí, sino todo el conjunto. Aquí aprovechamos las tiendas para comprar algún regalito y comer tortitas y mango.



Desde aquí fuimos a Agua Azul. Yo creo que fue en este trayecto (si no fue en este fue en el anterior) cuando pensando en los planes del día siguiente (es una de mis características, que siempre estoy pensando en los planes de futuro, y quizá por ello no disfrute tanto del presente) me empecé a poner de todos los colores al darme cuenta de que no había cogido el carnet de conducir. Teníamos pensado alquilar un coche en Mérida para hacer alguna excursión por allí, y luego, tras ver Chichen Itza, continuar hasta Playa del Carmen, donde dejaríamos el coche. Así que tras ese garrafal fallo, a empezar a pensar en alternativas que no servían de nada, al no saber lo que nos íbamos a encontrar. Menos mal que Adela es un encanto y no le importó que los planes se modificaran y que dejáramos un poco a la aventura esa parte del viaje.
Después de este inciso reflexivo, llegamos a Agua Azul (o agua marrón, en esta época del año). A pesar de ser solamente una cascada, a mí me gustó más que las otras. Es una caída más alta y con más agua.




Esta cascada está ya bastante cerca de las ruinas de Palenque, así que en seguida llegamos.
Las ruinas de Palenque son espectaculares, en medio de la selva, rodeados de vegetación y de monos aulladores y parecía que en cualquier momento iban a salir de entre la espesura indígenas mayas. Además el cielo tenía unas nubes y un color muy particular debido a las tormentas y esto daba pie a que nuestra imaginación volara aún más.




Pero debido a la avería de la furgoneta y al mal estado de las carreteras llegamos bastante tarde y solamente pudimos estar una hora y cuarto en las ruinas, que cerraban a las 5 de la tarde (quizá hubiéramos debido estar menos tiempo en las cascadas, pero no había remedio). Así que a la puta carrera, y remoloneando al final que ya nos estaban echando, nos hicimos una buena idea de lo que eran el yacimiento, aunque no pudimos disfrutarlo como se merece. Fueron las ruinas que más gustaron a Adela.

Desde aquí a nosotros nos dejaron en la estación de autobuses de Palenque. Al resto les llevaron, bien a su hotel en el mismo Palenque, o bien de vuelta a San Cristóbal de las Casas. Estos no sé a qué hora llegarían, pero hacer esta excursión de ida y vuelta en un día creo que es bastante paliza.
En la estación teníamos que esperar 6 horas hasta que saliera nuestro autocar, pero no pudimos hacer nada, porque empezó a escañar agua de una manera que no cabía la posibilidad de salir a nada. La sala de espera era una simple marquesina y si soplaba un poco el aire te mojabas. Aquí estuvimos charlando con otros españoles, que nos recomendaron el helado de coco de la Plaza mayor de Mérida. Y pasando el tiempo como pudimos se nos hizo la hora de subir al bus, a nuestro trayecto nocturno hacia Mérida.