Hay
quien puede decir que Maputo es sucia, que no tiene nada que ver, y
posiblemente tenga razón. Pero no obstante tiene su encanto, basado en la vida
que hay en sus calles, en el caos circulatorio, la mezcla de edificios
coloniales con otros de época soviética y ahora más modernos. Todo esto
mientras es de día. Cuando cae la noche la cosa cambiar, y da algo de miedito.
Nuestro
alojamiento, Residencial Palmeiras, estaba muy bien situado. Lo primero que
hicimos fue cambiar dinero, para a continuación dirigirnos ya a la pomada. En
nuestra misma calle, un poco más adelante, se encontraba la Igreja Catedral,
pero a estas horas estaba cerrada.
Y
justo a la vuelta de la esquina, el Centro Cultural Franco-Mozambicano (http://www.ccfmoz.com/), un edificio de
estilo colonial, muy chulo, donde hay exposiciones, conciertos…
A
continuación se encuentra la famosa Casa de Ferro, diseñada por Eiffel.
Ya
solo nos quedaba, para terminar el periplo turístico, acercarnos a la estación
de tren, dicen que también diseñada por Eiffel.
Se
nos pasó acercarnos a la fortaleza, de época portuguesa, que estaba justo al
lado. Había leído sobre la inseguridad en Maputo, pero he de decir que a pesar
de estar un poco obsesionado con este tema no percibí nada raro. Claro, que
solamente estuve por calles bastante concurridas.
Desde
aquí nos acercamos a Casa Elefante, una tienda de capulanas, el vestido
tradicional, con una gran variedad y a buenos precios. Eso sí, el precio fijo,
y a pesar de llevarnos varias, la vieja no nos quiso hacer descuento (aunque eso fue al día siguiente).
Todo
esto está por la misma zona. Nuestro siguiente destino estaba un poco más
lejos. Se trataba de la Feira de Artesanato, situada en el Parque dos
Continuadores. Allí dedicamos bastante tiempo, a curiosear y comprar regalos, y
a comer allí mismo, aunque el restaurante fue un poco caro para lo que me
dieron.
Como
ya estábamos cansados nos acercamos al hotel a reposar un rato, mientras se
hacía de noche. A Adela no le interesó visitar el Museo de Historia Natural,
donde se encuentra la colección de fetos de elefante más grande del mundo.
A
la hora de cenar ya sí que no me atreví a ir andando. Recomendaciones del dueño
de la residencia: no llevar objetos de valor visibles, ni collares, ni relojes,
ni mochilas o bolsos, caminar por calles iluminadas (como si esto fuera
posible), pero tampoco tiene por qué pasar nada… Así que por un módico precio
llamamos a un taxista para que nos acercara al restaurante. Y menos mal, porque
las calles daban miedito. Estaban totalmente desiertas, ni un alma. Todo el
bullicio, gentío y animación del día habían desaparecido como por ensalmo. El
sitio elegido no podía ser otro que el famoso Piri Piri, que tan gratos
recuerdos me aportaba. Solo me tomé un plato esta vez… La cena estuvo bastante
bien. Probé la salsa piri piri, de donde toma el nombre el restaurante, y puedo
asegurar que pica que no veas. Una pequeña muestra en las patatas fritas, y
estuvieron picando toda la cena. Habíamos quedado con nuestro taxista en que
nos pasara a recoger a una hora, y cuando terminamos allí estaba puntual,
esperando. De aquí al alojamiento, que el día de Maputo ya había terminado.
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