25 mayo 2026

13-08-2025. Pajareo y llegada a Cali.

Bien tempranito, a las seis de la mañana, había quedado con el guía, un muchacho joven que se veía que controlaba una barbaridad. Me apremió porque la perdiz Manchas es muy puntual, y si no estamos a la hora exacta, no la íbamos a ver.

Después de esto nos fuimos a buscar un búho de anteojos, que lo hicimos estupendamente. Tuvimos que salir de la finca y caminar un ratillo, pero se dio bien. Mientras caminábamos me fue contando que la Hacienda, antes de la pandemia, se dedicaba sobre todo a fabricar mozarella de búfala, queso de búfala y todo lo que podían sacar de la búfala. Pero que después de la pandemia lo habían abierto también como alojamiento con distintas actividades.

Volvimos otra vez a la hacienda, para desayunar. Aquí ya se juntó Adela. Al rato ya fuimos a los comederos que tenía preparados, tanto de colibríes como de pajaritos . Estuvimos casi tres horas. Adela se nos unió al principio pero luego se tuvo que ir a rehacer la maleta, que como habíamos estado varios días con coche y hoy lo dejábamos, lo habíamos usado para ir dejando cosas que había que recoger.













Yo me hubiese quedado otro día más, para buscar más bichos, pero el viaje tenía que continuar. La entrada en Cali fue un poco estresante por el tráfico que había. Después de varios días en los pueblitos con poca gente, el cambio fue sustancial. Primero nos acercamos al hotel, Casa del Hidalgo, a dejar todo el equipaje, y luego ya fuimos al centro comercial donde teníamos que devolver el coche. Lo llenamos de gasolina y dejamos sin problema. Ya que estábamos, nos dimos una buena vuelta por el centro comercial, para matar un poco la tarde. Comimos, hicimos varias compras y nos cogimos un taxi de vuelta para el hotel. Nos quedamos descansando, probando una sauna y una piscina que había hasta la hora de cenar. No nos dio más de sí el día.

24 mayo 2026

12-08-2025. Jardín Botánico del Quindío y Hacienda el Diamante.

Hoy teníamos un día de transición para acercarnos a Cali. El día no estaba muy cargado de actividades, así que desayunamos con calma, hice unas fotos de los pajaritos con calma, y cuando Adela tuvo la maleta preparada cargamos el coche y fuimos andando a Salento para hacer las últimas compras. A estas horas el pueblo se encontraba prácticamente vacío.





Emprendimos la marcha sobre las nueve y media hacia nuestro primer destino, el Jardín Botánico del Quindío, donde llegamos en poco más de una hora. Nos apuntamos a una visita guiada que empezaba en un rato y que tuvo una duración de unas tres horas. La muchacha que nos hizo la visita lo explicó fenomenal. Se notaba que disfrutaba con su trabajo. Aunque el jardín está principalmente orientado a las plantas, se puede observar una buena cantidad de aves. También tienen una exposición dedicada al túnel que cruza la sierra, y un precioso mariposario.










Como digo estuvimos unas tres horas, así que al terminar decidimos comer en un puesto allí mismo, antes que empezar a buscar algún sitio que nos pillara de paso. Nuestro destino para esta noche era la Hacienda el Diamante, situada cerca de Buga. Cuando preparaba el viaje había negociado con Adela un par de días “exclusivos” para la fotografía de pajaritos. El primer día tuvo que desaparecer por el cambio de planes por el que fuimos a los termales. Y para el segundo día había encontrado este sitio, que tenía la ventaja que quedaba más o menos a mitad de camino entre Salento y Cali. Yo había reservado la actividad de pajareo, y al llegar me dicen que en un rato me confirman si el guía está disponible. Vamos a ver, que yo he venido aquí a esto, y lo he reservado, si ahora me dices que no se puede, pues no sé yo. Afortunadamente sí que se pudo. El sitio estaba estupendamente, y la cocina era fabulosa. Como estaba en medio de ningún sitio, no nos quedó más remedio que cenar allí.



23 mayo 2026

11-08-2025. Ruta por el valle de Cocora.

Este día queríamos llegar pronto al valle de Cocora, por un lado para evitar la marabunta, y por otro lado para evitar el posible calor. Así que no madrugamos más que otros días. Simplemente estuve menos tiempo haciendo fotos de los colibríes. Al pasar por la plaza de Salento ya vimos las colas de todo el mundo que estaba esperando a que les llevaran los willis. Al llegar a Cocora, y mira que ya lo sabía, me la volvieron a colar con el típico tío que se te pone en medio de la carretera para que aparques en su tierra. Eso nos supuso andar casi un kilómetro de más de ida, y otro de vuelta, que con la paliza que volví no fue poca cosa. Nos cobraron de entrada 50.000 pesos, y nada, para arriba a andar. Empezamos el recorrido en sentido horario, es decir, viendo las palmas de cera lo primero. Lo hicimos así porque no tenía yo muy claro que lo fuésemos a hacer completo, y así veíamos lo más chulo. La primera parte hasta llegar al primer mirador se hizo más o menos bien, aunque es subida todo el rato. Adela, que va más ligera que yo, incluso cuando llegó arriba vio un cóndor pasar bastante cerquita. Yo ya no tuve ocasión. Seguimos subiendo hasta el siguiente mirador, siempre por buen camino. Llega un punto en que hay otra caseta donde te cobran otros 16.000 pesos. Este es un buen momento para decidir si quieres seguir o te das la vuelta. A partir de aquí ya no hay más vistas de las palmas, te metes en monte cerrado.




Yo por un lado tenía ganas de seguir, por otro ya estaba cansado de tanta cuesta. Al final pudieron más la ganas de visitar la reserva de colibríes de Acaime. Yo sabía que había que desviarse del sendero principal, pero no sabía que tanto. Al final fue casi otra hora más de subida, y ya no por sendero, sino a veces por rocas directamente. Llegué bastante cansado, pero nos mereció la pena. Yo iba cargado con la cámara buena para hacer fotos, pero Adela que no le va la fotografía también disfrutó mucho, observando tan tranquila.





El camino de vuelta se nos hizo bastante duro. Va siguiendo el cauce de un riachuelo y no hay casi camino, así que tienes que ir bajando por rocas que están llenas de humedad y musgo. Te vas resbalando de continuo. Así que vas en tensión que te cansa más. Ya digo que se hizo largo. O es que estoy desentrenado, que todo hace.

Con la matada con la que llegamos, por la tarde poco más hicimos. Teníamos el masaje reservado, y de camino entramos en alguna tienda de artesanía para comprar algún regalo. Adela, como le gustó el masaje, también quiso hacerse la manicura, pero aquí se entretuvieron un poco mucho. Acabamos cenando en Super Patacón, que ya era la tercera vez que iba.

22 mayo 2026

10-08-2025. Finca cafetera y Circasia.

Al igual que el día anterior me levanté bastante temprano para hacer fotos a los colibríes. Adela se quedó descansando, ya que no había pasado muy buena noche por la humedad y el frío. Menos mal que luego con el desayuno se entonó un poco.






Hoy teníamos la visita a una finca cafetera. Entre las distintas recomendadas habíamos elegido Don Elías, y fue todo un acierto. Llegamos con bastante antelación y estuvimos dando un paseo por nuestra cuenta en lo que llegaba el resto de la gente, otro grupo de españoles con los que estuvimos intercambiando impresiones, ya que ellos hacían la ruta en sentido contrario al nuestro. El hombre que fue nuestro guía era todo un personaje, se ve que sabía un montón y nos hizo la visita super entretenida. Al final, lógicamente, acabamos pasando por la tienda.


El tiempo que nos quedaba en la mañana lo aprovechamos para acercarnos a Circasia, que no quedaba lejos. Aun sin estar mal, no tiene nada que ver con el colorido que tienen Filandia o la propia Salento, donde volvimos para comer.


Después de comer nos fuimos al hotel a echarnos la siesta, que la noche no había sido demasiado buena. La habitación ya había entrado en calor, y no volvimos a pasar frío. Al despertar volví a aprovechar para hacer fotos a los pajaritos, en lo que Adela se preparaba. El paseo por la tarde ya lo hicimos en Salento, que todavía no lo habíamos visto. Aprovechamos para reservar un masaje para el día siguiente, y tras alguna comprita una cena tranquila y a recogernos, que nos esperaba una buena pateada.