20 octubre 2026

05-08-2026. Excursión a Bratislava.

Este día sí que nos tocaba madrugar, pero no por evitarnos el calor, sino porque teníamos que coger el tren para ir a Bratislava. El tren salió perfectamente puntual, y el tiempo estimado era de dos horas y media, pero sin saber cómo ni por qué, acabó durando tres horas. Salimos a las siete y media y llegamos a las diez y media. A esa hora el calor ya pegaba fuerte así que nada más salir de la estación cogimos un autobús para acercarnos al centro. Tras una breve parada en un pequeño súper para reponer líquidos, atravesamos la Michalská brána y entramos en el centro histórico.




Este centro histórico es realmente pequeño para una capital europea, y antes del viaje estuve valorando si merecía la pena pegarse la paliza del tren para una excursión que normalmente se hace desde Viena por su cercanía. Pero claro, estar una semana sólo en Budapest, sin salir de la ciudad, tampoco tenía mucho sentido, así que al final decidimos acercarnos.

Como teníamos bastante tiempo empezamos a vagar un poco sin rumbo, viendo las cosas que nos íbamos encontrando. Así visitamos la Plaza Mayor, la estatua de Čumil, la catedral de San Martín para acabar el recorrido en la Iglesia Azul, donde por un módico precio escuchamos un miniconcierto de cuatro obras de órgano. Nos sirvió para resguardarnos del sol.











A esto ya eran las dos de la tarde y estábamos derrengados, así que optamos por acercarnos al centro comercial Eurovea, inmenso, y pillar algo de aire acondicionado. Comimos algo allí mismo y estuvimos un rato haciendo la zarramanga, reuniendo el valor necesario para enfrentarnos al calor de nuevo.

Sobre las cuatro y media cogimos un bus que nos llevara al centro histórico de nuevo, para atravesarlo por calles que no habíamos cogido por la mañana, pero en seguida nos rendimos y optamos por ir ya hacia la estación de trenes. Aviso que viene chapa. Aunque teníamos el tren de vuelta a las seis y cuarto, a las cinco y media ya estábamos allí, esperando pillar algo de fresco, que resultó misión imposible. Nuestra sorpresa fue llegar a la estación para ver que todos los trenes iban con un retraso del demonio. El nuestro, 80 minutos que pasaron a ser 90 al poco rato. El de las cinco y media igual, 50 minutos de retraso. Me fui a preguntar en distintas ventanillas a ver si con nuestro billete de las 18:15 nos podríamos montar en el de las 17:30, que llegaría a nuestra hora, más o menos. Me empezaron a marear mandándome de un sitio para otro sin dejarme nada claro. Una familia de españoles que andaba por allí cerca nos comentó que les habían dicho que habláramos con el revisor una vez llegara el tren. Les pregunto que dónde les han dicho eso, y me señalan la ventanilla de dónde acabo de volver yo diciéndome que no se podía… Y bueno, eso hicimos. Afortunadamente la revisora resultó ser bastante amable, porque el carácter de los eslovacos con los que habíamos tratado era parecido al de sus vecinos húngaros. Así ya solo nos quedaban las tres horas de vuelta hasta llegar a Budapest.









19 octubre 2026

04-08-2026. Zona de Pest, barrio judío y crucero por el Danubio.

Siguiendo con nuestra costumbre de madrugar para evitar en lo posible el calor, a las nueve y diez (abren a las nueve) estábamos entrando en la Catedral de San Esteban. Al igual que el día anterior, apenas había gente. La visita nos llevó algo más de una hora, subiendo a la azotea en ascensor.











Empezamos a caminar hasta la estatua del policía barrigón, por la calle que sale justo frente a la puerta de la catedral. Las fotos no nos salieron todo lo bien que nos hubiera gustado, porque medio policía estaba al sol y el otro medio a la sombra. Dijimos que ya volveríamos en otro momento cuando estuviera bien, pero se nos pasó. Estuvimos echando un ojo al hotel Four Seasons, desde fuera, por supuesto, y al cercano puente de las cadenas. Luego ya continuamos bajando por ese margen del río, viendo las distintas figuras que hay. A las doce y media estábamos de vuelta en el hotel.













A pesar de todo el calor que hacía hice de tripas corazón, y mientras Adela se quedaba descansando, yo salí en busca de más estatuillas hasta las cercanías del famoso hotel Gellert, que estaba cerrado por obras. Le tuve que preguntar a la IA dónde estaba la famosa estatua del maestro Yoda, porque era imposible encontrarla. Claro, en el segundo nivel del metro, imposible de ver desde fuera.



Crucé andando el puente de Isabel, buscando la figura del rey, una de las más reconocidas, y luego la de Lisa Simpson, que me decepcionó. Después de una visita express de entrar y salir al mercado central, acabé comiendo en el Burger King que hay delante. Por lo menos tenían un poquito de aire acondicionado, que ya me hacía falta.






Hoy la siesta era más necesaria que ningún día. Sobre las siete salimos a dar una vuelta por el barrio judío, que teníamos el hotel cerca, viendo la sinagoga de la calle Rumbach, los patios de bares de Gozsdu y luego acercarnos a la Gran Sinagoga. En estas viene un coche de policía a toda velocidad, con las sirenas puestas, hacia donde estábamos nosotros. Y es que por lo visto alguien se había subido a la verja del patio donde está el árbol de la vida. Se había subido solo para hacer la foto, pero fue suficiente para que desde dentro avisaran, no sé si pensando en que se les iban a colar, a vandalizar o qué. Salimos pitando de allí, por lo que pudiera pasar.







Ya se nos había hecho la hora de acercarnos al crucero. Estuvimos dudando de si ir o no, porque para ver todo apagado… Pero bueno, como ya estaba pagado… La compañía fue Silverline, que salía al lado del puente de Isabel. La elegimos por ser de las más baratas, sin incluir ni cena ni bebidas ni nada. Para lo que fue el crucero, suficiente. La primera mitad estuvo bien y se pasó rápido, porque fuimos hasta la isla Margarita pasando por el Parlamento, hasta llegar de nuevo al puente de Isabel. La segunda hora ya se hizo más tostón, porque seguimos navegando río abajo sin casi edificios singulares en las orillas. Pero bueno, por lo que vimos, todas las compañías hacían el mismo recorrido, en barcos más o menos modernos.




El día no dio más de sí. Al día siguiente tocaba madrugar, que teníamos excursión a Bratislava.