21 mayo 2026

09-08-2025. Filandia y Salento.

Como en principio íbamos a haber ido más al norte, que está más lejos, este día en el plan original aparecía simplemente llegar a Salento, visitando Filandia por el camino. Al estar mucho más cerca nos sobraba bastante tiempo, así que lo dedicamos a una de las actividades que más nos gusta en los viajes, un buen masajito.

Pero antes yo ya había madrugado para hacer fotos a los pajaritos que había en el estupendo jardín del alojamiento, por el que incluso pasaba un pequeño riachuelo. La afición continuó incluso durante el desayuno, con la cámara preparada por lo que pudiera aparecer.












Después de esto ya llegó el masaje, que estuvo estupendo, con el rumor del riachuelo como música de fondo. Al acabar recogimos con toda la tranquilidad del mundo y pusimos rumbo a Filandia, donde llegamos en hora y media. La conducción por esta parte de Colombia me sorprendió gratamente. Una vez te das cuenta de que cada uno va por donde quiere y adelanta por donde mejor le parece simplemente cambias el chip y empiezas a hacer lo mismo. Pero bueno, la carretera estaba en bastante buen estado.

Claro, que una cosa es llegar a Filandia y otra distinta es aparcar. Además este día era sábado, y todos los parking que tenía anotados estaban llenos. Así que nos tocó dar unas cuantas vueltas antes de dejar el coche un poco a desmano, con el temor además de llevarlo cargado con todas las maletas. Entre unas cosas y otras se había hecho ya la hora de comer, así que decidimos probar la famosa bandeja paisa, acompañada de agua de panela. Espectacular.

Después de comer dimos la típica vuelta al pueblo, que como los de esta zona son pequeñitos tampoco se tarda mucho, poco más de una hora.







Desde aquí ya fuimos directamente a nuestro alojamiento en Salento, el Hotel Selva Verde, donde estaríamos tres noches. Este hotel también tiene un jardín espectacular, con varios comederos para colibríes, pero al llegar, como había llovido, nuestra habitación estaba bastante húmeda y desapacible. Nos quedamos un poco destemplados y ya no quisimos salir el resto de la tarde.

20 mayo 2026

08-08-2025. Traslado al eje cafetero y Termales de Santa Rosa.

Este día teníamos nuevo vuelo, esta vez de Cartagena a Pereira, a las diez y media de la mañana. Mientras Adela se quedaba de nuevo ordenando la maleta yo salí a los alrededores bien temprano para sacar alguna foto de la ciudad sin mucha gente.

En el vuelo no tuvimos ningún problema, y al llegar a Pereira nos acercamos a la sucursal de la empresa de alquiler de automóviles Localiza para recoger el vehículo. Los trámites fueron rápidos y sencillos. En principio yo quería haber ido un poco más al norte, a la zona del Parque Nacional de los Nevados, para fotografiar pájaros. Pero a Adela le pareció demasiada distancia en coche. Además una compañera colombiana de baile le había recomendado la visita a los Termales de Santa Rosa, así que sustituimos un sitio por el otro. Nuestro alojamiento para esta noche fue el hotel Vísperas, bien cerquita de los termales. De camino paramos a comer en un centro comercial/supermercado, ya que al tener coche unos cinco días podíamos cargar alguna cosilla.

Nos entretuvimos algo más de lo que nos hubiera gustado, así que hicimos rápido el checkin en el hotel y tiramos para los Termales, que se nos pasaba la hora. Después de haber ido todavía no tengo claro si me gustaron o no. Por un lado el entorno era bien chulo, pero por otro estaba demasiado masificado. No tanto las piscinas como los vestuarios. Al final estuvimos el tiempo justo, una hora y media.

Como todavía nos quedaba mucha tarde volvimos al mismo centro comercial donde habíamos estado comiendo para hacer alguna compra de regalos para la familia. Pero acabamos volviendo al hotel para cenar.

19 mayo 2026

07-08-2025. Segundo día en Cartagena.

Segundo y último día en Cartagena. La mayor parte de la gente que viene a esta zona aprovecha para ir a Tayrona, Santa Marta o las islas caribeñas de Colombia, pero a nosotros no nos daban los días. Preferimos priorizar otras zonas.

Nos despertamos con una alegre tonada que repetían una y otra vez desde bien temprano. Como estás medio dormido no prestas atención a la letra, y al principio pensamos que era un mercadillo que habrían montado en la cercana plaza de los coches. Pero ya en el desayuno nos dimos cuenta que era una canción para poner de manifiesto las bondades de Álvaro Uribe, expresidente, injustamente encarcelado por defender a su país (eso decían). Era increíble el show que tenían montado, pero no me atreví a hacer fotos por si a alguien le pudiera sentar mal.

Lo primero que hicimos fue coger la cámara buena y acercarnos al parque del centenario para intentar fotografiar al titi de cara blanca. Unas chicas que vendían botellas de agua nos indicaron dónde estaba.




Hicimos algunas compras en la puerta del parque y después volví al hotel a dejar el equipo y coger el de batalla, que no quería ir yo por ahí paseando cargado. Nuestro destino era el castillo de San Felipe de Barajas, así que para llegar a él fuimos caminando por el barrio de Getsemaní. Nos gustó mucho, tanto que si algún día decidiéramos volver nos alojaríamos en este zona sin dudarlo, huyendo un poco del guirigay del centro, donde la música de las discotecas no nos dejaba descansar.








El día antes le había estado contando a Adela la gesta de Blas de Lezo, al defender Cartagena del ataque de los ingleses, así que la visita al castillo la disfrutó bastante. No tanto como para olvidarse de comprar regalos, pero sí que la disfrutó. Luego nos acercamos a ver la escultura de los zapatos viejos. Fue el día que más calor pasamos de todo el viaje.





Como no había mucho más que ver por aquí y casi se había hecho la hora de comer, nos acercamos de nuevo al barrio de Getsemaní, esperando encontrar algo más decente que en el centro. No recuerdo cómo se llamaba, pero acabamos comiendo bien.


Después de otra siesta en el hotel huyendo del calor, salimos de nuevo por el centro. Había bastante actuaciones en la calle de bailarines haciendo distintos tipos de bailes regionales. Se lo curraban un montón. En un momento dado nos encontramos a otra de estas comparsas preparándose para bailar. Les preguntamos que a qué hora hacían el pase y nos dijeron que no, que estaban esperando a que llegara la novia, porque iban a bailar para una boda. Mientras esperamos (no teníamos otra cosa mejor que hacer) nos comimos unos heladitos. Al final llegó la novia en un coche impresionante, una mulata guapísima que se casaba con un rubio cangrejil extranjero. Cuando el cuerpo de baile empezó con la actuación nosotros “nos colamos” en el pasacalles de acompañamiento hasta el restaurante.


Acabamos cenando una hamburguesa en un sitio cualquiera.

18 mayo 2026

06-08-2025. Llegamos a Cartagena de Indias.

Teníamos nuestro vuelo a las nueve y media de la mañana, así que otra vez a madrugar para salir a las siete y llegar al aeropuerto con margen. El vuelo se hizo sin problemas, y al llegar a Cartagena cogimos un taxi que nos costó poco más de cinco euros para ir a nuestro hotel, el Hotel Boutique las Carretas, situado en pleno centro histórico muy muy cerca de la plaza de los coches y de la torre del reloj. Al llegar tan pronto todavía no teníamos la habitación preparada, así que nos fuimos a dar un primer paseo. Yo esperaba que la gente fuera mucho más pesada intentado venderte excursiones, pero la verdad es que no insistían para nada tras el primer no.

La diferencia con el tiempo que nos había hecho en Medellín, la ciudad de la eterna primavera, y el bochorno que nos encontramos en Cartagena fue notable. El casco histórico no dejaba de ser una sucesión de tiendas de souvenirs, restaurantes, hoteles y pequeñas tiendas de alimentación, pero aun así tenía mucho encanto.






Aprovechamos para comer en lo que nos daban la habitación, para después echarnos una siestecita para huir de calor.

El resto de la tarde se nos fue en seguir paseando, para acabar cenando en un restaurante de clara inspiración norteamericana unos tacos con más pena que gloria.