15 junio 2024

25-04-2024. Visitas en Nagoya y traslado a Pekín.

 

Tenía el vuelo a las dos y cuarto de la tarde, por lo que tenía que salir hacia el aeropuerto sobre las once. Mi primera intención había sido ir a ver el museo Tokugawa, pero abrían a las diez, así que no iba a tener tiempo para nada y deseché la idea.

Como quería aprovechar el poco tiempo que me quedaba me levanté bien temprano y primero me acerqué al templo Kosho-ji. Desafortunadamente gran parte del recinto estaba en obras, aunque pude sacar alguna foto maja de su pagoda.





Luego me acerqué al Atsuta Jinja, pero me decepcionó un poco. Los jardines de alrededor están bastante bien, pero el edificio es moderno.



Por último, la joya de la corona de Nagoya, su castillo.





Esto se había terminado. Fui al hotel a recoger las maletas, y de aquí a la estación camino del aeropuerto. La salida de Japón se produjo sin ningún problema, y la entrada en China también, pero esta vez me tocó esperar una hora en inmigración. Más otra hora en llegar del aeropuerto a la zona del hotel, acabé llegando a las siete y media, desde las cinco que aterrizó el avión. Como hay una hora menos que en Japón, para mí eran casi las nueve de la noche. Me di un paseo por la cercana y famosa calle Wangfujing, que yo esperaba que fuese auténtica y tradicional, pero nada más lejos de la realidad. No encontré para cenar nada que me convenciera así que acabé tomando una triste y pequeña hamburguesa en el McDonalds. Y para el hotel, que para variar al día siguiente tenía madrugón.

14 junio 2024

24-04-2024. Mañana en Koya San y traslado a Nagoya.

 

A la intempestiva hora de las seis de la mañana teníamos rezo común en el salón principal del templo. No era obligatorio, pero todos los que estábamos en la cena el día anterior, estábamos allí. Tuve suerte y pillé la última banqueta disponible. No me quiero imaginar cómo hubiera sido ese tostón si además me toca estar sentado una hora en el suelo.

Después nos fuimos todos a desayunar, básicamente el mismo tipo de comida que lo que había cenado la noche anterior. Así que a las siete y media de la mañana ya estaba camino del cementerio, de nuevo. A la luz del día ya no tenía una pinta tan siniestra.


 


El resto de la mañana lo dediqué a las visitas que tenía pendientes del día anterior: Pagoda Kongo Sammai-in Tahoto, pasé de nuevo por las pagodas del Kongobu-ji y por último el museo Koyasan Reihokan, que me gustó bastante. Al lado hay un conbini en el que me surtí de un tentempié a media mañana.






A las doce y media consideré que ya era hora de volver y empecé a enlazar los transportes de vuelta hasta Nagoya. Tenía un bono comprado previamente por internet en el que tenía incluidos un montón de transportes. Como los trenes gratuitos daban una vuelta descabellada y tardaban un montón en llegar, opté por coger uno más rápido que tenía parada en Kyoto, aunque fuese de pago. Todo esto sobre la marcha. Ya que estábamos me quedé allí a comer, en el Isetan de la propia estación. Intenté salir para dar una vuelta pero estaba jarreando, así que enfilé ya para Nagoya.



Al llegar a Nagoya tuve que pasar por el Uniqlo para comprar algo de ropa, que me había vuelto a quedar sin repuestos, y como me pillaba de paso, en el piso de debajo, volví a entrar en el Big Camera. Ya sé que tres días antes me habían dicho que ni tenían el objetivo ni lo iban a tener, pero era bajar una planta en escaleras y no me costaba nada, ya que estaba allí. Y cuál fue mi sorpresa cuando el dependiente me pregunta si lo quiero probar o comprar. Y yo, ah, pero tenéis uno. Y me contesta, sí, has tenido mucha suerte porque nos acaban de cancelar un pedido. Así que me fui para el hotel más contento que ni sé, por fin con el objetivo.

Una vez en el hotel de Nagoya, el mismo en el que había estado tres días antes y donde había dejado las maletas, aproveché otra vez más para ir al ofuro, después de varias noches durmiendo en el suelo y en habitaciones con baño compartido.

No me quedaba mucha tarde libre, pero lo que me quedaba lo pasé reorganizando la maleta, ya que al día siguiente volaba a China. Después de mucho buscar, conseguí hacer mi última cena en Japón en un kaiten sushi.

13 junio 2024

23-04-2024. Traslado a Koya San.


Según preparaba el viaje vi que había la opción de ir en autobús directo desde Yunomine Onsen hasta Koya San. Pero cuando salieron los horarios de la temporada habían cambiado: tenía bus directo todos los días excepto los martes. Y sí, hoy era martes. Así que en lugar de tardar tres horas y media sin transbordos, tardé cinco horas y media haciendo transbordo en Gojo y en Hashimoto.

Desayuné a las seis y media, mientras todos dormían, ya que a las siete pasaba el bus. Y bueno, poco más que añadir de la mañana, en la que fui enlazando buses, trenes, cremalleras y de nuevo bus.

Como es típico en Koya me alojaba en un templo, el único que encontré a un precio asequible. Al llegar no tenían la habitación todavía disponible, así que me fui a dar una primera vuelta por el pueblo y a comer.










Después ya sí que pude entrar a echarme una siesta. La primera en muchos días. Anduve matando la tarde un rato en la habitación, bastante grande para lo que me esperaba, pero era la tercera noche seguida que dormiría en futón en el suelo. Teníamos la cena incluida bastante pronto, por lo que no tuve margen para hacer nada.



Al terminar de cenar estuve dudando de si acercarme o no al cementerio, porque estaba lloviendo bastante, pero finalmente vencí la pereza y me acerqué. No quise hacer la visita guiada. Me gustó mucho la sensación de estar totalmente solo, en la parte superior, frente la tumba de Kobo Daishi.




12 junio 2024

22-04-2024. Segundo día en el Kumano Kodo. Hongu Taisha.


Me desperté bastante temprano, y como tenía tiempo, después de desayunar un bollo del conbini, me acerqué al santuario Kamikura. La subida fue un poco engorrosa, ya que los peldaños eran bastante estrechos y casi no cabía el pie. Además con la lluvia del día anterior, resbalaban que daba gusto. Fue llegar arriba, hacer la foto y bajar, la bajada más chunga que la subida.




Los paisajes que se ven en el bus que va de Shingu a Hongu me parecieron espectaculares, siguiendo el río Kumano.

El bus te deja en el centro de recepción de peregrinos, donde tenía que esperar a otro bus a que me llevara al inicio de la ruta, en Hoshinmon Oji. Aquí iríamos unas diez personas, con las que luego fui coincidiendo a lo largo de la ruta.

Como ya dije, el recorrido son unos siete kilómetros, que se hacen muy agradables ya que en su mayor parte son cuesta abajo, y además entre árboles. Hay distintos sitios sagrados, restos de antiguos templos, en los que hay que ir sellando la credencial para luego conseguir el certificado. Son unos pequeños templitos con el sello dentro.











Finalmente se llega al santuario de Hongu Taisha, por la parte de atrás.






Una vez conseguidos todos los sellos fui de vuelta al centro de recepción de peregrinos para que me dieran el certificado de peregrino dual, presentando también una credencial del Camino de Santiago que había llevado desde España.



Había terminado antes de lo que pensaba, y tenía un montón de día libre. Si lo hubiera sabido, habría organizado el viaje de manera distinta. Me habría ido a dormir a Tanabe. Pero claro, cuando preparé el viaje no lo sabía, así que tenía la noche pagada en Yunomine Onsen. Después de comer ramen en el único sitio que encontré abierto a las tres de la tarde cogí un autobús hasta allí. Tenía cama (por decir algo) en una habitación compartida con otras ocho personas. Sin mucho más que hacer en toda la tarde, pasé un buen rato en un baño exterior que tenía el alojamiento, con aguas termales naturales. Claro, el pueblo es famoso por eso.




11 junio 2024

21-04-2024. Primer día del Kumano Kodo. Santuario Hayatama Taisha y Nachi Taisha.

 

Otra vez en ruta con la mochila al hombro. Iba a pasar tres noches fuera para luego volver al mismo hotel, así que me guardaban la maleta.

El Kumano Kodo es un camino de peregrinación, o más bien varios caminos. Está hermanado con el Camino de Santiago, de tal manera que si cumples una serie de requisitos y además llevas la credencial de haber completado el Camino de Santiago, de ten el certificado de peregrino dual. En mi caso los requisitos eran visitar los tres santuarios principales (Hayatama, Nachi y Hongu) y recorrer la parte del camino entre Hoshinmon Oji y Hongu Taisha, unos 7 km. aproximadamente.

Aquí empezaba a funcionar el pase que había comprado días atrás en Tokyo, así que tras desayunar en el hotel, a las ocho de la mañana cogía un tren camino a Shingu.

Al llegar a Shingu estaba lloviendo, y no lo dejaría en todo el día. Paré aquí porque había escrito a las oficinas de turismo, tanto de Shingu como de Nachi, preguntando por la credencial de peregrino, y estos fueron los primeros que me contestaron, y de una manera muy eficaz. Además me aseguraron que abrían los domingos (este día era domingo).

La Oficina de Turismo está junto enfrente de la estación de trenes y como suele ser norma en Japón, la atención fue excelente. Me dieron la credencial, y como los horarios de los buses eran un poco reguleros me acerqué andando al Hayatama Taisha. El propio chico de la oficina me dijo sonriendo que llegaría antes que en el bus.

Como estaba lloviendo me compré el típico paraguas de vinilo, que me traje de vuelta a casa. La temperatura era agradable y la lluvia daba un ambiente chulo.






Volví a la estación igualmente andando, y sin mucho tiempo para nada, cogí el tren hasta Nachi. Aquí en Nachi sí que me tocó estar esperando un buen rato hasta coger el bus que me llevaría a Nachi Taisha. Aproveché para comer una mierda de patatas fritas en bolsa con sabor a ramen, por la que me clavaron 500 yenes, ya que aquí no había, para mi desgracia, el habitual conbini para comprar onigiris.

El trayecto en bus llevó unos diez minutos hasta llegar a la parada de Daimonzaka. Quería ir un ratito andando, y esta es la parte típica que se suele hacer. Es una cuesta no demasiado pronunciada, en medio de un bosque que me gustó bastante.






Lo que ya no me gustó tanto es que al llegar al santuario, después de terminar la cuesta, tienes que seguir subiendo un montón de escaleras. Tengo la manía, que me pegó mi padre, de ir contando escalones. Al llegar a 250 dejé de contar. Y todo el rato lloviendo. Es como el chiste ese de uno que se va a vivir a Finlandia y ve la nieve el primer día con toda ilusión, y después de llevar seis meses todos los días con nieve ya no le hace tanta gracia.  Pues así con la lluvia. Después de deambular por los distintos santuarios de arriba, por fin llegué a la típica estampa.







Desde aquí bajé para ver la cascada desde la parte inferior, pero no me entretuve demasiado, ya que pasaba el autobús, y si no, me tocaba esperar otra hora.

En el camino de vuelta tardamos bastante más, ya que estaba medio cortada la carretera por una carrera popular. Además estaba jarreando. Tanto es así que en el templo donde salía y llegaba la carrera, al pasar por el autobús, vi a unas mujeres con el vestido típico del Kumano Kodo, y a pesar de que estaba a cinco minutos andando de la estación, no me quise acercar de lo que llovía.



El plan para este día ya estaba completo. Solo quedaba volver a Shingu, esta vez en bus, donde tenía el alojamiento. Una casa con tres habitaciones en la que no había nadie atendiendo. Me volví un poco loco hasta encontrar la mía, y eso que las otras dos estaban ocupadas. Después de cenar okonomiyaki, a dormir, que al día siguiente también había que madrugar.