22 octubre 2026

07-08-2026. Balneario Szent Lukács, Café Nueva York, Biblioteca Ervin Könytár y ópera.

Se estaba acabando nuestra semana y todavía no habíamos hecho una de las típicas actividades que se suelen hacer en Budapest, que es el balneario. A mí me hubiera hecho ilusión volver al Gellert, que visité años atrás, pero estaba cerrado por reformas. De entre las opciones restantes elegimos el Szent Lukács. Al principio no nos enteramos muy bien y pensamos que lo único que había eran las piscinas exteriores, pero después de un rato zascandileando por allí me puse a recorrer pasillos hasta encontrar las aguas termales, y allí echamos el resto de la sesión. Estuvimos cerca de tres horas.





Desde aquí nos fuimos al mercado central, que Adela todavía no había visto. Como el tranvía que nos llevaba hacía parada cerca de la estatuilla del Yoda, aproveché para enseñársela a Adela, que tampoco la había visto. En el mercado estuvimos comprando los regalos del viaje, una especie de salchichón típico para la familia, que resultó estar buenísimo.


A las tres y media teníamos reserva en el famoso Café Nueva York. Al principio se me había ocurrido la peregrina idea de ya que íbamos, comer allí. Pero Adela me abrió los ojos y me hizo ver que no merecía la pena pagar ese pastizal, así que comimos en un restaurante turco por el camino. Al llegar al café había dos colas, una para los que tenían reserva (que estaba vacía) y otra para los que no. Al ir a entrar el portero me paró de no muy buenas maneras, cuestionando mi reserva. Cuando se la enseñé ya fueron todo amabilidades. Primero pensé que era porque mi ropa no era adecuada del todo, ya que en su web insisten en ir “elegantes”. Incluso me puse pantalones largos, pese al calor que hacía. Pero una vez dentro ves que la gente se pasa el código de vestimenta por el forro. Aquello se ha convertido en un parque temático donde la gente no va a disfrutar, sino a hacerse fotos. Salí con un sabor bastante agridulce, pese al batido que me tomé.






Cuando terminamos Adela se fue al hotel a descansar y a prepararse para la ópera, y yo seguí haciendo visitas que tenía pendientes. La primera fue la Biblioteca Ervin Könytár, donde llegué por los pelos quince minutos antes del cierre.








Luego, como todavía era bastante pronto, me di un buen paseo buscando las figuritas de Kolodko que me faltaban. Como los trayectos entre las figuras estaban bastante mal conectados por transporte público, me tocó hacer casi todo andando.












Después de una ducha para quitarme el calor de la caminata y ponerme un poco elegante, salimos para la ópera. Al principio pensé que, al igual que en el Café Nueva York, la gente iría como le diera la gana. Pero qué va, iban auténticamente elegantes. Llegamos con media hora de antelación que aprovechamos para hacer fotos a las distintas partes del edificio.






Habíamos cogido las entradas para ver “obras de Mozart”. Yo me preguntaba qué sería eso. Al final eran las arias y recitativos de tres óperas, acompañados de un pianista. De esta forma te pierdes el contexto y la historia, y solo te centras en la música, pero mereció la pena. Los solistas eran buenísimos y la acústica espectacular. Salimos super contentos. Cuando acabó también aprovechamos para echar alguna foto, hasta que nos iban apagando las luces y no nos quedó más remedio que irnos.




No hay comentarios:

Publicar un comentario