16 abril 2016

23-03-16. Narita, Shinjuku y Roppongi.



Este día tocaba de nuevo excursión larga, en esta ocasión a Narita, pueblo al que fuimos el año anterior, pero con bastante prisa y cuyo templo no pudimos disfrutar adecuadamente. Así que bien temprano por la mañana enfilamos para allá. A pesar de alguna confusión al elegir el camino, pronto nos encontramos frente a la puerta principal del templo. 



Todo el grupo unido, con toda la tranquilidad del mundo, fue recorriendo los distintos edificios del recinto. Mención aparte merece la enorme estatua de Fudo Myoo que hay en la parte superior, junto con dos mandalas espectaculares.






De vuelta a la entrada recorrimos los estanques, pero al igual que el día anterior, por la época del año todavía no estaban abiertos los brotes.

Una vez terminada la visita, un grupo de once personas comimos en un restaurante frente a la puerta del templo, mientras que el resto se fue a probar el plato típico, unagi, lo que viene a ser anguila. Entre el precio elevado y el ver como las sacan vivas del cubo, descabezan, destripan y trocean delante de ti hace que no tenga yo muchas ganas de comer tan suculento manjar. Así que en esta ocasión opté por un rico katsudon. O lo que viene a ser lo mismo, arroz con pollo.

Otra vez en Ueno el grupo de nuevo se dividió. Hubo quien optó por ir a un onsen urbano y hubo quien quería ir a Shinjuku, a ver las vistas desde la torre del ayuntamiento. A mí, como plan, me apetecía más el primero, pero prefería estar con la gente del segundo, así que me fui para el Metropolitan Govern. Tardamos más en llegar casi que lo que estuvimos allí. Cuando subimos no había nada de cola. Después de pasar un control de mochila en el que no te miran nada, para arriba derechos. Al llegar arriba, la cola que había para bajar era inmensa. Pero cuando después de hacer todo el recorrido y esperar a que la gente hiciera sus compras quisimos bajar, no quedaba nadie. En cambio, al llegar abajo había una cola horrorosa. Suerte que tuvimos. 

Como habíamos estado tan poquito tiempo y todavía quedaba un rato para la cena nos acercamos a la zona de Roppongi. Allí hay una araña similar a la del Gugenheim. También hay un mirador situado más alto que el del ayuntamiento, pero cuando preguntamos el precio y nos dijeron que 14€, disimuladamente comenzamos a silbar y nos dimos media vuelta. Como además hacía un frío que pelaba, por el aire, emprendimos el regreso a Ueno.

Para cenar habíamos quedado como otros días en la parte superior de la estación, pero hubo un malentendido y casi lo cancelamos. Hasta que llegó el grupo con la comida cedida por Yoshi que sobró del día anterior. Estuvimos picando un rato, pero luego el Ru y yo nos acercamos al Kaiten Sushi, para variar, a completar la cena. Regresamos justo a tiempo de quedar para el día siguiente.

15 abril 2016

22-03-16. Asakusa y vuelta a Noda.



El día amaneció un poco más tarde de lo habitual, ya que como el plan era ir a Asakusa, y las tiendas allí hasta las diez no abren, era bobada ir antes. Estuvimos callejeando mientras abrían, visitando las tiendas habituales, las de tenugui, las de tabis, las de artesanías… Aquí es donde se compran la mayor parte de los encargos. 


Una vez hechas estas compras, el Ru y yo cansados de tanta tienda, nos fuimos andando hasta Ameyoko, para comer por esa zona cercana al hotel. Mientras su señora, a quien se debe, aprovechó un rato más de compras y luego se acercó en metro. El resto del grupo siguió en Asakusa para comer allí, okonomiyaki, que me hubiera gustado probar, pero no tenía ganas de estar esperando tanto tiempo. En cambio comimos una tempura, por antojo de Cristina, que resultó excelente.
Habíamos quedado a las cinco en la estación de Ueno para ir de nuevo a entrenar, así que tuvimos un ratillo en el que aprovechamos para cambiar algo de dinero y volver al hotel a ponernos la ropa de faena. El abuelo de nuevo estuvo fantástico, al igual que Chema, quien pasó de grado brillantemente. Para celebrarlo hicimos cena común en la parte superior de la estación de Ueno con la comida cedida por Yoshi.

14 abril 2016

21-03-16. Kamakura.



Este día teníamos visita de día completo a Kamakura. La mayor parte del grupo se bajó en Kita-Kamakura, donde visitamos el primer gran templo, Engaku-ji. Como es el primero la gente nueva alucina, y nos tiramos una hora, a pesar de que yo iba arreando, diciendo a la gente que el tiempo era limitado y quedaban bastantes templos para ver. 




Una vez dadas las instrucciones pertinentes para que pudieran seguir el itinerario por su cuenta, Juan Alfonso y yo seguimos una ruta que hay por el monte. Nace desde un poquito más adelante que la estación de Kita-Kamakura y va a morir al Daibutsu. Esta ruta llevaba yo varios años queriendo hacerla, pero bien por una causa o por otra no había cuajado. La idea que tenía yo era de un camino por el bosque en el que de vez en cuando había un pequeño templo. La realidad se impuso, y resulto ser una senda estrecha y embarrada en la que solamente había un templito a mitad de camino. Yo me quedé contento por haberme sacado la espina que tenía de querer hacerlo, pero vamos, no volveré por allí. Aun así no estuvo mal.




Como llegamos al Daibutsu con tiempo suficiente, aunque ya estaban allí Víctor, Elena y Mauri, nos metimos en la tienda tradicional que hay frente al templo. El resto del grupo pronto se nos unió. A pesar de que yo pensaba que llegarían bastante tarde, por el ritmo que llevaban y lo que les quedaba por ver cuando les dejamos, llegaron puntuales. Una vez hechas las compras de rigor entramos al templo. Aquí, como prácticamente no hay nada más que el gran buda, no nos demoramos mucho. 


El siguiente templo, como suele ser habitual, fue el Hasedera. El día estaba un poco frío, y además, al ser el viaje de este año tan pronto por culpa de la Semana Santa, no había apenas flores. Eso hizo que el templo no estuviera tan chulo como otras veces. Pero siempre merece la pena.

Al terminar nos acercamos en autobús a la estación de tren, para comer en el mismo sitio de los últimos dos años, que hemos dado en llamar… “La Señora”. Buen precio, buena comida, buena atención, la dueña se acuerda de nosotros y nos saluda en español… qué más podemos pedir?




Todavía nos dio tiempo a dar un paseíllo por la calle comercial, donde vimos como un milano robaba de la mano de una señora un crêpe que se acaba de comprar.
De vuelta a Tokyo yo me acerqué a la tienda de material de buceo, a comprar un par de cosas. Ya en Ueno, de nuevo con el grupo, la mayor parte de la gente se decidió por acercarse a un karaoke. Fue un regateo con el chico de la puerta que llevó casi media hora, entre cuántos, cuánto tiempo, comida incluida, bebida incluida… Al final pasamos un muy buen rato, amenizado por los chistes del Ru y las canciones de Dani.

13 abril 2016

19 y 20-03-16. Despedida de Ishigaki, reunión con el grupo y primeros entrenamientos.



El sábado 19 es un día absolutamente de transición. Me toca madrugar para recoger mi equipo, que me lo entregan totalmente seco. De vuelta en el hostal mato el tiempo haciendo la maleta y poco más. Salgo a comprar algo para comer, y me doy cuenta que está lloviendo bastante. En un momento que para decido irme ya al aeropuerto a pesar de que queda mucho para mi vuelo, ya que para tener que estar esperando, me da igual un sitio que otro. Además el hostal lo están limpiando y me da cosa estar por allí. Facturo la maleta sin problemas, a pesar de que el límite son 20 kg. y yo llevo 21. En el rato de espera me echo una cabezadita en unos sofás muy cómodos que hay por allí… ya podían aprender el resto de aeropuertos… Tanto el vuelo, la recogida de equipajes y el traslado al hotel se hacen sin nada que reseñar. Y justo en la puerta del hotel ya me están esperando el Ru, Aitor y Cristina. Tras dejar la maleta nos dirigimos a la estación de Ueno, a ver si encontramos al resto de grupo. Vemos a Alberto, que nos dice, no puede ser de otra manera, que están en la parte superior de la estación cenando. Como es lógico, están muertecitos de la paliza del viaje, ya que ellos acaban de llegar. Despierto la envidia de más de uno al enseñar las fotos de buceo en el móvil. Tras picar algo nos dirigimos al primer kaiten sushi, y luego, paseando por el barrio, sábado por la noche, descubrimos que es un poco pintoresco.
Al día siguiente toca madrugar, ya que a las nueve empieza el entrenamiento de Someya, con quien yo no había entrenado antes. Por ello quedamos a las siete y cuarto en la estación de Ueno. Este señor tiene la particularidad de que es muy técnico, y que manda parar a mitad de clase para tomar apuntes. Y a continuación, el primer entrenamiento con el abuelo, quien no para de realizar técnicas durante todo el rato. 



Como viene siendo tradicional nos acercamos al Saizeriya a comer, donde nos atendieron bastante rápido a pesar de ser un grupo tan numeroso.
Todavía quedaba mucho día para disfrutar, así que nos dirigimos directamente a Harajuku, donde se dio tiempo libre a la gente. La mayor parte se dirigieron a la calle principal, Takeshita Dori, pero Aitor y yo nos acercamos al Parque Yoyogi, con la esperanza, al ser domingo, de ver a los famosos rockers japoneses. Tenían una de las puertas de acceso cerrada, y tuvimos que dar un buen rodeo. Cuando llegamos se estaba haciendo ya de noche, así que tras estar un rato mirando a una extraña pareja que tocaba swing, ella con un saxo pequeñito y él con una guitarra nos volvimos a Takeshita Dori. Ahí estuvimos un rato en el Daisho, el todo a cien que ocupa cuatro plantas, y luego no pude aguantar la tentación y después de varios años aguantando, piqué con un crêpe relleno de chocolate y helado. Me supo riquísimo.
Como en este rato ya se había hecho noche cerrada nos acercamos a una de esas zonas que merece la pena ver de noche, que es Shibuya. De nuevo se dio tiempo libre para que la gente callejeara por su cuenta. Lo primero que hicimos, tras la visita a Hachiko de rigor, es subir al Starbucks que hay en el famoso cruce. Yo esto no lo había hecho nunca y estuvo curioso. No hace falta pagar, se puede subir por detrás.


Después Aitor y yo nos dirigimos a localizar un edificio con una exposición de dos famosos pintores, que él tenía interés en visitar la semana que se iba a quedar solo. Luego ya nos dimos una vuelta por el barrio, sin entrar en ninguna tienda, viendo las luces, la música y la gente.
De vuelta en Ueno nos acercamos a cenar donde se iba a convertir en nuestro cuartel general, de nuevo al Kaiten sushi.