Hoy teníamos un día de transición para acercarnos a Cali. El día no estaba muy cargado de actividades, así que desayunamos con calma, hice unas fotos de los pajaritos con calma, y cuando Adela tuvo la maleta preparada cargamos el coche y fuimos andando a Salento para hacer las últimas compras. A estas horas el pueblo se encontraba prácticamente vacío.
Emprendimos la marcha sobre las nueve y media hacia nuestro primer destino, el Jardín Botánico del Quindío, donde llegamos en poco más de una hora. Nos apuntamos a una visita guiada que empezaba en un rato y que tuvo una duración de unas tres horas. La muchacha que nos hizo la visita lo explicó fenomenal. Se notaba que disfrutaba con su trabajo. Aunque el jardín está principalmente orientado a las plantas, se puede observar una buena cantidad de aves. También tienen una exposición dedicada al túnel que cruza la sierra, y un precioso mariposario.
Como digo estuvimos unas tres horas, así que al terminar decidimos comer en un puesto allí mismo, antes que empezar a buscar algún sitio que nos pillara de paso. Nuestro destino para esta noche era la Hacienda el Diamante, situada cerca de Buga. Cuando preparaba el viaje había negociado con Adela un par de días “exclusivos” para la fotografía de pajaritos. El primer día tuvo que desaparecer por el cambio de planes por el que fuimos a los termales. Y para el segundo día había encontrado este sitio, que tenía la ventaja que quedaba más o menos a mitad de camino entre Salento y Cali. Yo había reservado la actividad de pajareo, y al llegar me dicen que en un rato me confirman si el guía está disponible. Vamos a ver, que yo he venido aquí a esto, y lo he reservado, si ahora me dices que no se puede, pues no sé yo. Afortunadamente sí que se pudo. El sitio estaba estupendamente, y la cocina era fabulosa. Como estaba en medio de ningún sitio, no nos quedó más remedio que cenar allí.
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