09 septiembre 2015

13-08-15. Segundo día de buceo en Tofo y camino a Xai Xai.



Igual que el día anterior, a las 7:30 en el centro de buceo, pero en esta ocasión íbamos a salir a hacer las dos inmersiones seguidas, sin volver por el centro de buceo. Esto nos beneficiaba ya que así terminaba antes y podíamos salir pronto a Xai Xai, que había una tirada. Antes de ir me preguntaron si me importaba repetir las inmersiones del día anterior, ya que había un grupo de franceses que las quería hacer, y les dije que no había problema. En esta ocasión el mar estaba bastante más revuelto que el día anterior, había más olas y el trayecto fue bastante más movido. La primera inmersión me gustó bastante más que la del día anterior. A pesar de ser el mismo sitio no siempre se ven las mismas cosas.








Luego estuvimos hora y media en superficie, yendo al segundo punto de buceo, un poco al trantran, y me mareé un pelín, pero al meterme en el agua se me pasó por completo. Al contrario que la primera, esta vez me gustó más la del día anterior.





Mientras, Adela había aprovechado para hacer las compras en el mercado local, una cazadora chulísima y varias cosas más.


De vuelta en el centro aproveché para ducharme, porque ya habíamos tenido que dejar la habitación del hotel, hacer cuentas y luego ya a recoger maletas. Quise comer antes de salir, para ir con los deberes hechos, y comí unos calamares que estaban buenísimos.
El viaje a Xai Xai nos llevó cinco horas, llegamos a las ocho de la tarde, del tirón, y después de dejar las maletas en el hotel nos fuimos directamente a conocer a Alexia, la presidenta de la Fundación Khanimambo, una ong con quien colaboramos desde hace casi dos años, quien nos estuvo explicando su historia y la de la Fundación. Quedamos con ella en vernos al día siguiente en las instalaciones, para conocer más de cerca el trabajo que hacen. Pero esta historia ya pertenece a otro día.

08 septiembre 2015

12-08-15. Primer día de buceo en Tofo. Reggies y Galleria.

Puntual a las 7:30 en el centro de buceo, tras un desayuno sano y natural, nos preparamos para la primera inmersión. El mar estaba bastante tranquilo, pese a las previsiones que había leído. Por lo menos esta vez no tuve agujetas en los brazos de ir aferrado pensando que me iba a caer en cualquier momento. El trayecto se hizo un poquillo largo, 45 minutos, a pesar de ir viendo por el camino ballenas jorobadas, alguna bastante cerca. Y luego el buceo estuvo bien sin más. Cada vez se vuelve uno un poco más exigente.





Para comer lo hice en el propio alojamiento, una ensalada de cangrejos recién comprados al pescador, con mango y un montón de cosas más, un buen perolo que me supo estupendo. Aquí ya empezamos a notar los cambios en los horarios, porque tenía que estar de vuelta en el centro de buceo a las 13:30 para hacer la segunda, después de haber comido, así que empezamos a las 12:30. Esta inmersión fue cerquita, apenas diez minutos de trayecto, y en esta ocasión me gustó más que la primera.




Luego al hotel, a echar una cabezada para eliminar el nitrógeno y hacer tiempo para la cena, que al haber comido tan pronto también adelantamos, como a las 8. 


Volvimos a repetir en el Tofo Tofo, que nos había gustado del día anterior.


06 septiembre 2015

11-08-15. Rematamos Maputo y camino a Tofo.

Al final, después de tantos trastornos para llegar a Maputo, resulta que no echamos de menos el no haber estado allí. Un día más nos hubiera dado lo mismo, así que lo único que nos quedaba era rematar las compras de las capulanas, cambiar algo de dinero, que estaba bastante bien la tasa de cambio (a 44), llenar de gasolina el coche y salir pitando para Tofo, que nos esperaba una buena paliza. 





Al final fueron 9 horas y media de viaje, para hacer 500 km, parando media hora a comer en Xai Xai, que estaba a mitad de camino. De nuevo volvimos a ver bastantes controles de policía, pero en esta ocasión solamente nos pararon dos veces, nos pidieron los papeles y nos dejaron seguir sin más. Adopté el arriesgado truco de cuando veía un control a lo lejos, me pegaba lo que podía al coche que iba delante, para que no se me cruzara el policía a hacerme parar. Dicho truco me dio resultado. Y sin más, llegamos a Tofo, a Casa na Praia, que había cambiado de dueños pero seguía como la otra vez. De aquí a cenar al Tofo Tofo, un buen restaurante local que ya conocíamos de la otra vez. Sin tiempo para más, a dormir, que al día siguiente toca madrugar para el buceo.


01 septiembre 2015

10-08-15. La Bella (o no) Maputo.

Hay quien puede decir que Maputo es sucia, que no tiene nada que ver, y posiblemente tenga razón. Pero no obstante tiene su encanto, basado en la vida que hay en sus calles, en el caos circulatorio, la mezcla de edificios coloniales con otros de época soviética y ahora más modernos. Todo esto mientras es de día. Cuando cae la noche la cosa cambiar, y da algo de miedito.
Nuestro alojamiento, Residencial Palmeiras, estaba muy bien situado. Lo primero que hicimos fue cambiar dinero, para a continuación dirigirnos ya a la pomada. En nuestra misma calle, un poco más adelante, se encontraba la Igreja Catedral, pero a estas horas estaba cerrada. 

Un poquito más adelante, la estatua de Samora Machel, el líder de la independencia de Mozambique.

Y justo a la vuelta de la esquina, el Centro Cultural Franco-Mozambicano (http://www.ccfmoz.com/), un edificio de estilo colonial, muy chulo, donde hay exposiciones, conciertos…

A continuación se encuentra la famosa Casa de Ferro, diseñada por Eiffel.
Ya solo nos quedaba, para terminar el periplo turístico, acercarnos a la estación de tren, dicen que también diseñada por Eiffel. 

Se nos pasó acercarnos a la fortaleza, de época portuguesa, que estaba justo al lado. Había leído sobre la inseguridad en Maputo, pero he de decir que a pesar de estar un poco obsesionado con este tema no percibí nada raro. Claro, que solamente estuve por calles bastante concurridas.
Desde aquí nos acercamos a Casa Elefante, una tienda de capulanas, el vestido tradicional, con una gran variedad y a buenos precios. Eso sí, el precio fijo, y a pesar de llevarnos varias, la vieja no nos quiso hacer descuento (aunque eso fue al día siguiente).
Todo esto está por la misma zona. Nuestro siguiente destino estaba un poco más lejos. Se trataba de la Feira de Artesanato, situada en el Parque dos Continuadores. Allí dedicamos bastante tiempo, a curiosear y comprar regalos, y a comer allí mismo, aunque el restaurante fue un poco caro para lo que me dieron.
Como ya estábamos cansados nos acercamos al hotel a reposar un rato, mientras se hacía de noche. A Adela no le interesó visitar el Museo de Historia Natural, donde se encuentra la colección de fetos de elefante más grande del mundo. 

A la hora de cenar ya sí que no me atreví a ir andando. Recomendaciones del dueño de la residencia: no llevar objetos de valor visibles, ni collares, ni relojes, ni mochilas o bolsos, caminar por calles iluminadas (como si esto fuera posible), pero tampoco tiene por qué pasar nada… Así que por un módico precio llamamos a un taxista para que nos acercara al restaurante. Y menos mal, porque las calles daban miedito. Estaban totalmente desiertas, ni un alma. Todo el bullicio, gentío y animación del día habían desaparecido como por ensalmo. El sitio elegido no podía ser otro que el famoso Piri Piri, que tan gratos recuerdos me aportaba. Solo me tomé un plato esta vez… La cena estuvo bastante bien. Probé la salsa piri piri, de donde toma el nombre el restaurante, y puedo asegurar que pica que no veas. Una pequeña muestra en las patatas fritas, y estuvieron picando toda la cena. Habíamos quedado con nuestro taxista en que nos pasara a recoger a una hora, y cuando terminamos allí estaba puntual, esperando. De aquí al alojamiento, que el día de Maputo ya había terminado. 

31 agosto 2015

8 y 9-08-15 El caos de Ethiopian Airlines. Una y no más.

Vaya año llevamos con los aeropuertos. Incendio eléctrico y retraso en el de Amsterdan, volcán y cancelación en el del Bali, y ahora esto… (aviso que lo que viene ahora es un tubo, por lo que se puede pasar directamente a la siguiente etapa).
Nuestro plan de vuelo era Madrid-Adis Abeba (con parada técnica en Roma), Adis Abeba-Johannesburgo, Johannesburgo-Nelspruit. La cosa empezó como un retraso más. En los paneles de Madrid el primer vuelo anunciaba un retraso de hora y media. No hay problema, tenemos dos horas y media de escala, andaremos un poquito justos pero en principio no hay por qué preocuparse. Lo malo es que cuando quedaba un cuarto de hora el retraso aumentó a las dos horas y cuarto. Como en el mostrador de embarque había una hoja en la que ponía que si el retraso superaba las dos horas, reclamásemos, automáticamente fuimos a pedir la hoja de reclamaciones. La chica que nos atendió nos dijo que esas eran las previsiones de Aena, pero que las de la compañía eran distintas, en ningún caso superiores a las dos horas. Le comenté que íbamos a ir justos, y nos dijo que no nos preocupásemos, que si el retraso era pequeño, el siguiente vuelo nos esperaría (ja!).
Total, que finalmente nos embarcaron cuando el retraso era menor de dos horas, pero nos tuvieron en el avión otra media hora. La parada técnica en Roma era una escala para coger viajeros. Aquí viví la surrealista situación en que la azafata, de malos modos, me obligó a desabrocharme el cinto mientras estábamos parados. Como si estuviera prohibido tenerlo abrochado. El mundo al revés. Azafatas yo no he visto más bordes en la vida. Aquí acumulamos otra media hora de retraso, esperando a dos pasajeros que no se presentaron.
En resumen, que perdimos el enlace a Johannesburgo, por veinte minutos. Eso de que esperan, mentira. Total, que nos dirigimos al mostrador para reclamar. Les dije que yo quería volar a Nelspruit y me contestan que ok, que los mismos vuelos que he perdido hoy, los cojo mañana, y que me ponen un hotel. Pero a otras personas que venían en el vuelo, también con destino a Johannesburgo les reubican en el acto. Coño, si me mandan a Johannesburgo, yo también, que ya me buscaré yo allí la vida para llegar a Nelspruit, con coche de alquiler o como sea… Así que le digo al tío de los billetes que me los cambie. Pero es que antes me has dicho que a Nelspruit. Ya, pero ahora te digo otra cosa. Hasta en tres ocasiones les pedí que me dieran un formulario de reclamación sin que me hicieran el menor caso, y al final tuve que salir corriendo, porque perdíamos el vuelo. Pregunté qué pasaría con nuestro equipaje, porque la salida era inminente, y me contesta que del equipaje no me preocupe (ja!). Fue entrar nosotros en control de equipaje y cerrar la puerta. Nos recolocaron en un vuelo a Dar es Salaam, donde estuvimos un par de horas, y donde ya nos dimos cuenta que el equipaje no volaba con nosotros. Un trabajador del aeropuerto nos pidió que le acompañásemos para identificar nuestras maletas, para hacer el transfer, y vimos que no estaban. Ya de Dar, a Johannesburgo, donde fuimos directamente a poner la reclamación por el equipaje. Me dijeron que la maleta me la mandaban donde yo fuera a estar, pero sería Maputo, y no me quería arriesgar a que en la frontera se distrajeran, así que decidimos quedarnos a dormir allí y recogerlas en mano directamente al día siguiente. Con el wifi busqué un hotel, el Europrime Hotel, con servicio de transporte gratuito y después de comprar útiles básicos de subsistencia, nos fuimos al merecido descanso.
Al día siguiente, a primera hora, nos acercamos al mostrador de Ethiopian, que el día anterior estaba cerrado, les explicamos el tema (una hora explicando el tema), conseguí que me dieran el vuelo a Nelspruit, pero no me daban los billetes en ese momento. Me dijeron que esperaban a que tuviera yo las maletas, no fuera a ser, que por el motivo que fuese, no llegasen y me dieran los billetes pa na, pero que en el momento que las tuviera, lo dejaban todo preparado y solamente era imprimirlo. Pues bueno, después de estar zascandileando por el aeropuerto, mirando dónde había que ir a recoger los equipajes, se hace la hora de ir a por ellos. El encargado no estaba muy por la labor de ir pronto, por no estar esperando sin hacer nada. Prefería estar sin hacer nada en su despacho. Y aquí ya tuvimos un poco de suerte. De las siete personas a las que recolocaron en nuestro vuelo y que perdieron el equipaje, solamente llegaron tres, el de Adela, el de otra persona y el mío. Corriendo, porque de nuevo no andábamos bien de tiempo, vamos al mostrador a por los billetes. Nos quedaba media hora para que cerrasen la facturación a Nelspruit. La chica empieza a teclear, a teclear, a teclear, y yo pensando, qué cojones está haciendo, que encima tenemos que cambiar de terminal. A los veinte minutos me dice, toma, el billete, y yo, pues venga, gracias. Ah, no, espera, que solamente es uno, ahora tengo que hacer el otro. Aquí ya monté en cólera. Yo creo que se debió enterar toda la terminal. No se enfade, señor, que no gana usted nada. Que no me enfade!! … y estallé. No voy a repetir todo lo que dije.
Este es el motivo por el que nunca más volveré a volar con Ethiopian. No por los problemas, que cualquiera puede tener, retrasos, pérdidas de equipaje, sino por la gestión que se hace para resolver estos problemas, y sobre todo, por las continuas mentiras y el mal trato, tanto por parte de las azafatas como por parte del personal de tierra.
Finalmente corriendo, arrastrando las maletas, llegamos a facturación un minuto después de que cerrasen, pero las chicas, viendo la cara descompuesta que llevaba, nos dejaron facturar.
De este modo llegamos a Nelspruit 24 horas más tarde de lo previsto. 




El día anterior desde el mostrador de Hertz de Johannesburgo les pedí que avisaran al del Nelspruit que íbamos a llegar un día más tarde. Así que allí estaba nuestro coche esperando. Marchamos directos a cruzar la frontera, donde, tal y como yo temía, me timaron. Pero claro, era de noche cerrada, tarde, y yo no tenía fuerzas ni ganas de discutir. Así que unos “amigos” me cobraron 365 Rand por gastos de importación de vehículo, que no hay que pagar… Son unos 28€ al cambio, tampoco es mucha la pérdida, pero me engañaron. Eso sí, me gestionaron los trámites rapidísimo.
Y ya después de todas estas peripecias llegamos a Maputo, todo el viaje conduciendo de noche. Agotados decidimos quedarnos a descansar para coger el día siguiente con plenas fuerzas. Resumiendo, tampoco fue tanta la pérdida, una noche de hotel que me tocó pagar a mayores y un día que no estuvimos en Maputo, y que luego tampoco echamos tanto de menos. Lo peor fueron el estrés y los nervios.

24 julio 2015

19-07-2015 Taman Ayun, Jatiluwih, Candikuning, Ulun Danu Beratan y Tanah Lot



Último día en Bali, y hay que aprovecharlo a tope. Después de un buen desayuno en la terraza del hotel, viendo los arrozales de los alrededores, nos ponemos en marcha. El primer hito en el camino es el templo de Taman Ayun, patrimonio de la Unesco. En Bali hay dos sitios patrimonio de la Unesco, y los dos los vemos hoy. Este es el primero, un palacio de antiguos reyes locales. Lo primero que vemos es un bonito diorama que representa peleas de gallos, según nos cuenta, bastante habituales en la isla. Luego pasamos a lo que es el recinto del templo, no al interior, al que solamente pueden acceder los fieles, pero sí al exterior. Desde allí se ven los distintos templos. El conjunto me parece bonito, sin más. No puedo valorar el nivel histórico, pero por ejemplo, la cueva del elefante del día anterior me gustó bastante más. Nuestro guía nos comentó que el templo era famoso por su césped muy bien cuidado. Más bien estaba bien recortado, porque había bastantes zonas en las que estaba encharcado.






Desde aquí nos dirigimos a los arrozales de Jatiluwih, el otro lugar patrimonio de la Unesco. Hay una gran aglomeración de coches en un sitio estrecho. Es un poco locura. Finalmente llegamos a destino. No hemos tenido mucha suerte con la época. Nos falta esa foto con los típicos colores verdes brillantes de las plantaciones. Con el clima de la isla los campesinos pueden sacar hasta cuatro cosechas anuales. Los ciclos son de tres meses. Tres ciclos plantan arroz y el cuarto o bien lo dejan en barbecho o bien cambian de cultivo a cacahuetes, alubias… Nos damos un pequeño paseo de un cuarto de hora por el camino que hay preparado. Se hace agradable. 


Luego nos lleva al mercado del pueblo de Candikuning, para hacer alguna compra. Es un mercadillo turístico, pero en todas las tiendas tienen prácticamente las mismas cosas. Quedamos al cabo de tres cuartos de hora, pero a los veinte minutos ya hemos hecho las pocas compras que faltaban y dado la vuelta a la manzana tres veces, así que nos ponemos en marcha otra vez.


El siguiente sitio a visitar es el templo del lago, Danu Beratan, justo al lado de Candikuning. El guía nos pregunta si queremos verlo antes o después de comer. Yo prefiero verlo antes, que después de comer, con la barriga llena, se hace más pesado. Aquí hay bastante aglomeración de gente, el parkíng es un caos. La imagen del templo es una de las típicas de Bali. Es un sitio grande y bonito, con jardines bien cuidados donde los balineses pasan los días en familia. El recinto es bastante grande, pero todo el mundo quiere sacarse la típica foto con el templo en el mismo sitio. Dewa nos insiste muchas veces: desde aquí sale una bonita foto. O bien: no quieren que les saque una foto? Es muy amable, pero yo las fotos las hago donde me gustan a mí, no a él, y le doy largas.





Ya ha llegado la hora de comer, así que justo al lado del lago nos lleva a un buffet de ponte ciego por 90.000 rupias (6€), que yo aprovecho todo lo que puedo ya que es mi última comida balinesa. Me gusta especialmente el plátano rebozado, que no había probado hasta entonces. Y ya por fin, nos dirigimos al último punto del programa, el templo del mar, Tanah Lot. Yo había pedido ir a primera hora de la mañana, para evitar aglomeraciones a la puesta del sol, pero por logística del viaje no pudo ser. Así que llegamos de milagrito, después de cambiar de carreteras por atascos, al último atasco final, que nos lleva a un parking saturado y tenemos que dejar el coche en una campa de cualquier manera. Ya digo que llegamos de milagrito, y aunque hay muchísima gente no tengo tanta sensación de agobio como en el templo del lago, quizás porque ando pendiente de hacer la foto a la puesta del sol. El templo no es especialmente bonito, pero el entorno hace que sea espectacular, y eso que hemos pillado marea baja.



En cuanto anochece salen a volar miles de golondrinas, en oleadas. Pero para nosotros el tiempo ya se está acabando. Tenemos que estar en el aeropuerto a las 22:00, todavía nos queda alguna hora que aprovechamos para visitar Kuta, el centro turístico de la isla. Para llegar nos comemos un atasco monumental en una autovía de tres carriles, que según Dewa se da todos los días. Vamos al paso de la tartana, pero aún así nos queda una hora para dar una vuelta por Kuta. Es como trasladarse automáticamente de isla. Grandes marcas comerciales, tiendas de ropa, hoteles de postín… Otro Bali distinto al que hemos conocido esta semana. Aprovechamos para gastar las últimas rupias en un café y un helado. Y sin más, al aeropuerto. Solamente nos espera un vuelo de 9 horas hasta Qatar, tres horas de espera allí, y un nuevo vuelo de 7 horas hasta Madrid. Y el tren de vuelta a casa. Pero como siempre, llegaremos deseando preparar el siguiente viaje.