Esta vez no fuimos a Mnenba, sino que nos quedamos en la zona de Nungwi, por conocer otras cosas. La primera inmersión estuvo bastante bien. Pero luego a la hora de equiparme en la segunda el americano me empezó a meter prisa, y yo, que no quería agobios, pasando de él, hasta que me dijo directamente: estoy esperando por ti. Pues es tu problema, no haber cogido el equipo que no te lo he pedido. Así que ya con el americano de morros, a bucear. Mi guía era la francesa, y allí en todas las inmersiones se lleva la boya en superficie durante todo el camino. La francesa no solamente era mi guía, sino también mi compañera, y yo lo tenía fácil, solo tenía que fiarme del carrete de la boya. En una de estas que me quedé un minuto a hacer una foto, y veo la boya y me pongo a su lado. Y mi sorpresa es que ya no era la francesa, sino otra la de la inmersión a la que se la había endosado. La tía había tenido no sé qué problema con su chaleco y se había ido para arribar sin avisarme y sin nada… Menuda guía, y menuda compañera…
Como este día habíamos ido más cerca de bucear llegamos un poco antes
de vuelta al centro, y aproveché para ver algo que me había contado Adela que había observado el día
anterior: las mujeres pescando. Provistas de unas cacerolas en la cabeza van dando
golpes en el agua y formando un círculo con las redes, luego estrechan el círculo
de manera que solamente tienen que coger los peces con las cacerolas.
Para trasladarnos a Stone Town había quedado con uno de los chicos que
trabajan en los chiriguitos de la playa. Se me acercó ofreciéndome excursiones.
También paseos en barco. Finalmente me ofreció llevarme a Stone Town por 35$,
bastante más barato que los 50$ que pagamos por venir. Así que nos fuimos al
hotel a recoger las maletas. Las habitaciones las tuvimos que dejar pronto por
la mañana y me tuve que duchar en las duchas de la piscina. Les pregunté si
podía dejar la habitación más tarde para ducharme al volver del buceo y me
dijeron que no, que las tenían que preparar porque estaba el hotel lleno, pero
que si pagaba me dejaban una… Vamos a ver, o está lleno y no se puede, o no está
lleno. Pero eso de que si pago no está lleno no… Así que nos fuimos tras
recoger las maletas.
A la hora acordada se presentó nuestro contacto acompañado de un conductor,
que era el verdadero taxista. Nos montamos Adela y yo, más el taxista, nuestro “amigo”
y otra persona que no sabíamos muy bien qué pintaba. Empezó a meternos por las
calles del pueblo, y Adela se puso un poco nerviosa, pero era solamente para
dejar a las otras personas, y pronto nos quedamos el conductor, Adela y yo. Según
pasaba por los pueblos camino a Stone Town, la gente saludaba a nuestro taxista,
y eso nos acabo de tranquilizar. Nos llevó rápido y bien hasta nuestro hotel, y
nos ofreció alguna excursión, pero no teníamos más días y tuvimos que
rechazarlo.
El nuevo hotel, Chavda, estaba muy bien. La única pega es que el
restaurante estaba situado en una quinta planta sin ascensor. Así que después
de haber tomado posesión del la habitación, subimos para tomar una cervecilla y
disfrutar de la puesta de sol en Stone Town.
Más tarde salimos a dar un paseo, y aunque aquello no está muy bien
iluminado estábamos en todo el centro, así que solamente tuvimos que escoger un
sitio donde cenar, y ya cansados, volver al hotel.
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