14 agosto 2012

30 de julio de 2012. Primer día en Tarangire.



A las nueve habíamos quedado con Abel, el que iba a ser nuestro guía en estos lugares. Apareció puntual y tras cargar las maletas en el Toyota Land Cruiser nos pusimos en camino hacia el parque de Tarangire, que significa río de jabalíes. Llegamos tras un par de horas a nuestro hotel. Salvo que aquí se llaman lodge… En este caso era el Roika Tarangire Tented Lodge. La recepción una pasada, con una toalla para refrescarte, un zumo natural de mango… te acercan las maletas a la habitación, que había que verlas, una maravilla… Como habíamos llegado un poco pronto nos toco hacer tiempo hasta la hora de comer, que aquí siguen horario inglés para casi todo, comida a las 12:30 y cena a las 20:00…
Tras reposar la comida tranquilamente, a las 15:00 nos pusimos en marcha para nuestro primer contacto. El hotel está bastante cerca de la entrada al parque así que en un cuarto de hora ya estábamos viendo bichos. Al principio te hacen gracia todos, y mandas parar al conductor cada poco. Luego ya te vas acostumbrando y cuando ves una cebra a cien metros ni te inmutas.
Lo primero que vimos fueron unas jirafas, luego cebras, ñues, algún avestruz, unos antílopes llamados elan, algún elefante. Todo esto bastante cerca. 








 Al cabo de un rato de andar trasteando vemos unos coches parados mirando a lo lejos. No se veía nada, pero finalmente dieron con ellos, un poco lejos había una manada de cuatro leones, una hembra y tres cachorros, tirados en unas rocas bajo la sombra de un árbol. Estuvo bien por aquello de decir que habíamos visto un león, pero que vamos, que estaban lejos lejos…

 Luego seguimos hacia una zona con un río, donde había gran variedad de aves: martillos, Martín pescador, un águila pescadora, unos ibis…. Mucha cantidad.




 Y así poco a poco se nos hizo la hora de volver, las seis de la tarde (todos los parques cierran a esa hora). Las casi tres horas se nos habían pasado en nada. A la vuelta volvimos por el sitio donde estaban los leones, que se habían movido un poco (unos 10 cm.) y pillamos una perspectiva un poco mejor, pero vamos, que lejos lejos…


La verdad es que fue una buena y bonita toma de contacto. Llegamos al hotel como a las 18:30, y nos pusimos a ver los juegos olímpicos en la tele hasta la hora de cenar, los españoles los últimos.
Esto fue todo lo que dio de sí el primer día. Que ya digo que no está nada mal…




28 y 29 de julio de 2012. Llegada a Tanzania.



Pero por qué todos nuestros viajes tienen que empezar por una paliza?.
La cuestión es la siguiente: quedamos en la estación de trenes a las 7:30, para llegar a Madrid, coger el avión a las 12:30 (que saldría con media hora de retraso) y tras hacer una escala en Estambul, coger otro avión a las 17:10 (que también saldría con media hora de retraso) para finalmente aterrizar en Dar es Salaam a las 2:30 de la madrugada. Como hay una hora más que en España, realmente eran para nosotros la 1:30, con lo que el sueño todavía no nos había pasado factura pero empezaba a hacerlo.
Los trámites de la aduana fueron sencillos: pagar 50$ cada uno por el visado, de una manera relativamente rápida, y pasar a continuación el control de pasaportes. En esto eran las 3:15. Nos planteamos qué hacer. Yo había leído que la estación de autobuses no era de los sitios más recomendables, así que optamos por quedarnos en el aeropuerto. El aeropuerto era pequeño, solamente dos cintas para salida de equipaje, y cuando se abrían las puertas para salir al exterior no se veía prácticamente nada. Así que la decisión fue quedarnos en la sala de recogida de maletas hasta que nos echaran. Cuando en un rato se fue todo el mundo nos tumbamos en unos bancos, apoyados en las maletas, y a dormir…
Pero no nos echaron, y entre cabezada y cabezada se nos hizo de día. Vamos, se nos hicieron las 6:00, que es cuando amanece. Así que sin haber descansado mucho que digamos, decidimos que ya era hora de ir a coger el bus. Nos habíamos decantado por el bus para llegar hasta Arusha en lugar del avión ya que nos permitiría ver un poco más del país. En avión no íbamos a ver absolutamente nada.
Ya a la salida del aeropuerto se nos empiezan a acercar gente para alquilar un taxi. Nos hacemos los locos porque lo primero que nos interesa es cambiar dinero. En el primer sitio no tienen, pero al lado hay otro que sí, así que otro trámite realizado de manera rápida y cómoda. Ahora es cuando nos planteamos lo del taxi. Una vez que le decimos al primero con el que habíamos hablado que cuanto, este a su vez trae un amigo, según él, el number one… Lo raro es que el resto de los que estaban esperando también lo dijeron: number one… No sabemos qué tipo de trato tendrán entre ellos para que todos digan que vamos con uno, pero bueno, eso no era asunto nuestro. Tras intentar regatear el precio, nos dice que nada, que 30$ precio fijo, que no y que no, y nos enseña una tabla con todos los precios a los distintos sitios. Así que allí que vamos. Al llegar el taxista nos dice que cuidado con móviles y carteras, como para fiarnos. El sitio era para verlo. Un caos de desorden, gente y autobuses, todos pitando. Nada más vernos se nos acercan dos amigos, dos facilitadores (por no llamarlos timadores que te engañan con el precio). Bueno, no me enrollo. A los blancos incautos les venden el billete al destino elegido, a un precio superior (quiero creer que no demasiado superior) al que hubiesen pagado de haberlo comprado directamente. Bueno, por eso les he llamado facilitadores, porque entre el caos que era aquello, como para encontrar el nuestro. Finalmente pagamos 35$ cada uno, cuando en un principio nos pedían 45$. Preguntad a esos ingleses que hay ahí sentados, dijeron. Les pregunte (otra parejita de incautos) y dijeron que sí, que 45$ cada uno. Yo les dije que ni hablar y al final 35$. Perdimos el de las 7:00 por cinco minutos, así que el siguiente era el de las 7:30… Jajaja… A las 8:00 pregunté al conductor que cuando salíamos, y me dijo que thirty minutes, media hora, vamos… Así que yo le dije a Adela que ni de coña, que por lo menos una hora, que hasta que aquello no se llenara no salíamos, que así funcionan las cosas en África… Finalmente partimos a las 9:20. Más de dos horas esperando, 10 metros marcha adelante, 10 metros marcha atrás (todavía me pregunto con qué motivo) con el motor arrancado…
Menos mal que no teníamos nada que hacer ese día. Porque tardamos once horas en llegar, entre parada y parada. Y entre cabezada y cabezada también, por supuesto. Once horas, tras once horas en avión, habiendo dormido dos horas escasas tirado en el suelo de un aeropuerto, ahí queda eso… Finalmente, al llegar a nuestro destino, el conductor nos dijo cuidado con los móviles y las carteras. Debe ser que las estaciones de buses atraen a los maleantes. Bueno, si en mi ciudad pasa lo mismo!!
Total, que justo cuando acabamos de sacar las maletas del bus, cuando empezaban los taxistas a dar la paliza, best price, my friend, which hotel, apareció Elisante, la persona con la que habíamos contratado el safari (por cierto, significa viaje en swahili) y nos rescató de sus atenciones. Nos llevó directamente al hotel elegido y tras cinco minutos de lavarnos la cara y llevar las maletas a la habitación, nos explicó algunos detalles de cómo se iban a organizar las cosas. Nos despedimos de él hasta el último día en que volveríamos a vernos para cambiar impresiones de cómo había salido todo.
El hotel un fracaso. No era el que nos habían elegido pero yo quise cambiarlo. En el baño no funcionaba la cisterna, me quedé con la manija del agua caliente del lavabo en la mano, el toallero estaba roto, la pared llena de desconchones… Un show.
Tras una cena riquísima de un plato típico que tenía plátano y salsa de nuez, a dormir, que cogimos la cama como nunca…


27 abril 2012

20 y 21-04-12 Últimas compras y vuelta a casa


Esto ya se estaba terminando, así que nos tomamos la mañana libre, cada uno a nuestro aire,  para las últimas compras. Primero nos acercamos Miguel y yo a Asakusa andando, pasado por Kappabashi donde Miguel se compró una cortina que había estado buscando desde el principio del viaje. En Asakusa, el sitio típico de comprar los regalos, había bastantes tiendas que estaban cerradas de lo pronto que llegamos. Pasaron por allí dos chiquillas que debían ser algo famosas porque las estaba grabando la televisión, y la chiquillería daba gritos, tocaba palmas y las hacían fotos… Televisiones a lo largo del viaje nos han grabado ni sé…
En Asakusa nos encontramos con el Ru, y ya los tres nos encaminamos a Ameyoko buscando camisetas chulas. No conseguimos encontrar lo que buscábamos, pero algo mercamos. Allí nos encontramos primero con Aitor, luego con José Alberto, y ya camino del hotel nos encontramos con Alejandro, que volvía de Akihabara. Según volvíamos al hotel compramos la comida para tomar luego en el tren, ya que habíamos quedado a la una para acercarnos a Noda a entrenar. Como siempre, todos puntuales menos Alien, el octavo pasajero… La sorpresa del día nos la llevamos cuando Peque nos dijo que se había atrevido a ir él solo al Shinjuku a recoger unos planos… Se ve que con la experiencia del día anterior se había crecido…
Llegamos a Noda con tiempo suficiente para el entrenamiento de Noguchi, que al igual que el día anterior nos dejó alucinados. Luego nos quedábamos al de Hatsumi sensei, pero teníamos más de dos horas muertas, así que nos recorrimos las tiendas: la de tabis, la de rollos para pintar, el supermercado, y nos acercamos al Saizeriya para ver a qué hora cerraban. Después de todos estos trámites todavía nos quedaba más de una hora así que entramos a una cafetería donde no tenían café y nos tomamos unas cervezas de medio litro, con lo que nos fuimos al siguiente entrenamiento más contentos que ni sé… Bueno, todos no. Uno se quedó perdido por el pueblo no sabemos donde y le vimos luego en el entrenamiento.
Lo de Hatsumi es caso aparte, así que antes de intentar explicarlo, me lo ahorro.  



Tras acabar el entrenamiento nos fuimos a cenar al Saizeriya, que era la última cena y nos lo habíamos ganado. Ya solo quedaba volver a Ueno en el tren y comprar el desayuno para el día siguiente… Bueno, aparte de imprimir las tarjetas de embarque y hacer las maletas…
Tras dormir cuatro horas, a las seis arriba. Como no podíamos dejar de ser fieles a la tradición hasta el último momento, los siete de siempre, tras esperar los cinco minutos de rigor, nos acercamos a la estación para coger el metro al aeropuerto. La facturación la hicimos sin problemas y cuando preguntamos, el fenómeno había facturado antes que nosotros ya que aunque llegó más de media hora tarde, cogió un tren rápido que cuesta el doble y tarda la mitad…
En el avión la anécdota graciosa se produjo cuando Alejandro me trajo su cartera para que le pasara las fotos, y al cabo de un buen rato le dije que no había podido porque no había encontrado el puerto USB... Se me quedó mirando como diciendo: este es tonto, hasta que se dio cuenta del error...

26 abril 2012

19-04-12 Torre de Tokyo, Sengakuji y Odaiba




Este día, como tampoco había muchos planes, nos dimos media hora más de margen para dormir. Tras hacer un par de trasbordos en tren y metro llegamos a nuestro primer destino, Onarimon, la parada para ver la torre de Tokyo. Primero atravesamos el templo Zojo-ji, el penúltimo que visitaríamos en nuestro viaje. Bueno, si es que pasar a través del patio se puede llamar visitarlo. Ya en la torre de Tokyo solamente Miguel Angel y el Ru se animaron a subir. Realmente fueron los únicos que se animaron a pagar los 15€ que costaba subir.
 

 Mientras el resto esperaba yo me acerqué de nuevo al templo para comprar unos omamoris y dio la casualidad que empezaba una ceremonia en la que quemaban unos muebles, asi que como tenía tiempo, me quedé a verla. 



Una vez reunidos todos de nuevo nos acercamos, también haciendo un trasbordo en metro, al Sengakuji, el templo de los 47 ronin. Allí están enterrados y es curioso ver cómo hay bastante gente que sigue dejando el incienso frente a sus tumbas. También compramos omamoris a un monje muy majete que nos abrió la ventanilla para dárnoslos.
Luego nos acercamos a la isla artificial de Odaiba, donde llegamos a través de la línea Yurikamome, que yo creía que era un tren monorraíl, pero lo que realmente es es un tren no pilotado, va automático. Así que fuimos al primer vagón poder ver la marcha a través del cristal frontal. Una vez en la isla anduvimos haciendo fotos por la orilla, y comiendo en un centro comercial. Había mesas en un espacio central y restaurantes alrededor, así que cada uno escogió el restaurante que quiso y lo comimos todos juntos.


La pena fue que ese día inauguraron un gundam, un robot gigante allí mismo, y no nos enteramos hasta más tarde, cuando volvimos al hotel. Nos pasamos un buen rato a costa de Pque, ya que le obligamos a que nos dirigiera él camino de vuelta. Verle dudar y estar sin mirar a las chavales durante más de cinco minutos no tuvo precio… Allí volvimos para vestirnos de romanos y acercarnos a Noda a entrenar con Noguchi. Bueno, siempre digo acercarnos a Noda, pero se tarda hora y media en llegar… Pero mereció la pena porque el entrenamiento fue una maravilla.



Ya de vuelta en Ueno, cenamos unos cuantos en un Yoshinoya y el resto de supermercado. Con los días aprendí que a mí me merecía más la pena cenar caliente y sentado que frío y de pie, ya que a veces, en el supermercado, además de comprar porquerías, te gastabas más dinero que en el restaurante.
Y como la última noche iba a ser la del día siguiente pero estaríamos atareados haciendo las maletas, nos acercamos a un bar en la zona de Ameyoko, que estaba en un tercer piso de una casa, y que Juan Alfonso era uno de sus más ilustres parroquianos. Tras tomar una cerveza, de vuelta al hotel. Cómo echábamos de menos el onsen de Kyoto…

25 abril 2012

18-04-12 Nikko


A pesar de haber tenido paliza de tren el día anterior, este día decidimos ir a Nikko, ya que el pronóstico del tiempo nos era más favorable. Tras hacer trasbordo en Utsonomiya llegamos finalmente a Nikko. Nos acercamos andando al puente Sinkyo, y de ahí ya es un paso hasta la zona de los templos y santuarios. Este día el grupo andaba con bastante galbana. Llevábamos ya muchos días sin parar y el cansancio hacía mella. Y como tampoco teníamos prisa realmente, lo tomamos con calma. Estuvimos recorriendo los distintos templos, y el día realmente nos acompañó ya que estaba muy nublado, caía alguna gota de vez en cuando y en los bosques se estaba de mimo… Además apenas había gente con lo que se podía disfrutar tranquilamente de todo.





Al terminar de ver los templos nos planteamos subir a ver las cascadas de Kegon y aunque a mi no me hacía mucha gracia, la verdad es que luego sí que mereció la pena. Para ello tuvimos que bajar casi corriendo a la estación de vuelta, ya que con las horas que se nos habían echado encima no encontrábamos dónde comer, y pillar allí mismo un 24 horas abierto para comer algo… También nos sirvió el bajar a la estación para coger allí un billete de autobús para todo el día, que si lo hubiéramos sabido de antemano, no hubiéramos subido ni bajado andando…


En la zona de las cascadas todavía había algún nevero en la carretera, y pudimos ver cerca del lago, los famosos monos… En las cascadas sí que estuvimos solos, quitando unos con manto azafrán… En el camino de vuelta a Nikko nos enteramos de que el Ru había aprobado las oposiciones de Oficial, así que una nueva alegría recorrió el grupo…
A la vuelta de Nikko nos acercamos al ayuntamiento, en la zona de Shinjuku, donde subimos al piso 45 para disfrutar de las vistas de Tokyo por la noche… Alucinante.



Y luego, a la hora de cenar, tiramos para Shimokitazawa, un barrio que yo había leído que tenía bastante ambiente y sitios chulos pero fuera por el día o fuera por la hora, me decepcionó bastante.

Solo nos quedaba, de nuevo, el regreso al hotel. Cabe decir que este día Juan Alfonso tampoco estuvo con nosotros ya que te fue a ver el castillo de Matsumoto, y nos juntamos en la torre del ayuntamiento.

24 abril 2012

17-04-12 De vuelta a Tokyo: Asakusa y entrenamiento



Otra madrugada, para variar. Habíamos cogido el primer shinkansen para Tokio a las siete menos veinte de la mañana ya que eran tres horas de trayecto y si no, llegaríamos muy tarde. Una vez en Tokio, después de haber hecho el check in en el hotel, nos acercamos a Asakusa, pasando por la calle Kappabashi, donde se hacen las reproducciones en cera de los platos de comida que luego ponen en los escaparates de los restaurantes. Cuando llegamos a Asakusa nos separamos, cada uno por su cuenta, para que cada uno mirara lo que más le podía interesar. 



Después de quedar todos juntos otra vez para ver el templo (que se llama Senso-ji) nos fuimos a comer a un sitio que conocía José Alberto y que estuvo fenomenal. Era de estilo tradicional, nos tuvimos que quitar los zapatos para entrar, y luego las mesas eran bajas, para comer como si estuvieras sentado en el suelo, pero debajo de las mesas había unos agujeros en los que meter las piernas, así que estabas sentado normal tan a gusto.


Después de comer nos acercamos al río, a ver el edificio de Asahi y la Sky Tree, que no la habían inaugurado todavía. El Ru quiso ir a una tienda que había al otro lado del río, pero no pudo ser. 



Al terminar aquí nos acercamos al hotel a vestirnos de romanos. Como había gente que quería bordarse un cinto paramos en Ayase, que pillaba casi de camino. Anduvimos un poco justos de tiempo, pero ese día Hatsumi se retrasó y no tuvimos problemas. Tanto es así que Juan Alfonso, aprovechando su legendaria velocidad, se acercó a la papelería a comprar rollo para que luego no los pintaran. Este día estuve entrenando con el chofer de Hatsumi, y me lo pasé estupendamente. Fue todo un honor.


Y ya de vuelta para casa, tras hora y media de tren…
Ya sé que el resumen de este día no es para tirar cohetes, pero no dio para más...

17 abril 2012

16-04-12 Nara y Osaka


Como hoy teníamos una hora de trayecto en tren para comenzar el día, aprovechamos para desayunar en el tren. Una vez en Nara nos encaminamos, a través de los parques llenos de ciervos, al templo de Todaiji. Antes pasamos por una pagoda de cinco pisos bastante chula, pero a estas alturas del viaje no nos llama tanto la atención.
El templo Todaiji es espectacular. Es la construcción de madera más grande del mundo y dentro alberga un buda de bronce más grande que el de Kamakura. Pero casi más que el buda impresionan las estatuas de madera que le custodian, y también las de la entrada que hay en el exterior.






Después de pasar por las distintas tiendas de souvenirs nos dirigimos al Kasuga Taisha. La ventaja de Nara es que es una ciudad pequeña y está todo a tiro de piedra. Por el camino visitamos varias tiendas, sobre todo por la cantidad de yorois que tenían expuestos. Pero la tienda donde Adela compró kimonos, esa no estaba abierta…
Este día, entre la temperatura, que no llovía y sobre todo, que no había nadie en absoluto, hizo que disfrutáramos tranquilamente de los sitios. El Kasuga Taisha es uno de los templos más antiguos, de cuando Nara fue capital de Japón. No llegamos a entrar, pero disfrutamos del entorno.



Donde sí que entramos, que fue una grata sorpresa, fue en el museo del templo. Eran dos habitaciones bastante pequeñas, pero contenían tres yoroi, dos tambores enormes y media docena de katana que hizo que hasta el momento haya sido el museo que más me ha gustado de todos lo que he visto en Japón. Estaba todo fenomenal expuesto y conservado.
A la salida del museo nos encaminamos a la estación, pero por el camino paramos a comer en un restaurante familiar, donde había un señor atendiendo y ya está. La comida, casera, estaba riquísima.
Nuestro siguiente destino, Osaka. Fuimos específicamente a ver el castillo, por lo que solamente tuvimos que hacer un transbordo. Llegamos justitos justitos, pero llegamos. Por fuera el castillo es espectacular, pero no deja de ser una reconstrucción de después de la guerra. El interior es totalmente decepcionante. Moderno, con ascensor… exposición mediocre… Nada que ver con el interior del castillo de Himeji.



Al lado del castillo había un dojo de artes marciales y estuvimos viendo a niños entrenar a kendo. Es increíble lo serios que se ponen. Y además nos pareció que el profesor de los niños más pequeños era un 8º dan que salía en un documental del National Geographic…
Y ya cubiertos los objetivos del día, de vuelta a Kyoto, donde al llegar estuve comprando unas cremitas, que lo había dejado para el final y andaba yo sudando. Cerraban la tienda a las 8 y llegamos a las siete y media. Tuvimos suerte con el tren…
Luego estuvimos dando una vuelta por la estación de Kyoto, que es espectacular, subiendo hasta el piso 11, donde hay un mirador desde el que se observa toda la ciudad hacia ambos lados… Finalmente, tras reunirnos con la gente que había ido al hotel a dejar las maletas, acabamos cenando ramen en un restaurante en la planta 10. Luego apareció Juan Alfonso, que ese día había hecho la guerra por su cuenta, yendo a visitar los castillos de Himeji y Hikone…
Terminamos como todos los días, disfrutando de nuestro último onsen en Kyoto…

15 abril 2012

15-04-12 Zona oeste de Kyoto


Los días ya van pasando y el cansancio hace mella. Ya no andamos al mismo ritmo de los primeros días, ni los templos nuevos nos hacen tanta ilusión ni nos llaman la atención... Son, simplemente, otro templo más...
La verdad es que llevamos una jartá...
Hoy, tras desayunar de nuevo de pie en la puerta de la estación de Kyoto, cogimos un autobús que nos llevó directamente al Kinkakuji, el templo dorado... Aparte de la gente que hay por ser hanami, hoy era domingo, así que la concurrencia se multiplicó por dos... Además una gran parte de la multitud eran chinos, que no se caracterizan precisamente por su educación, su respeto a las colas y a las fotos de los demás... 
Este primer templo, por ser el más famoso, fue bastante caos. Luego la cosa mejoró algo. Tuvimos que nuestro lado que llegamos bastante pronto, y eso se notó...


 
Después de disfrutar del pabellón lo que pudimos nos dirigimos andando al siguiente templo: Ryoanji, el famoso jardín zen de 15 piedras en el que, te pongas donde te pongas, no puedes ver todas las piedras a la vez. La primera vez que vi este templo estábamos solos. Te podias quedar allí mirando el jardín, tranquilamente, el tiempo que quisieras, la gente en silencio... En esta ocasión el caos de los chinos nos persiguió de nuevo... Voces, achuchones... En fin.





Así que cuando llegamos a nuestro tercer destino programado, al lado del anterior, el ninnaji, la gente estaba bastante cansada físicamente y de ver templos también, por lo que optamos por obviar este punto y dirigirnos al siguiente, la zona de Arashiyama, al oeste de Kyoto. 
Esta es una zona que yo no conocía y tenía bastantes ganas. Al ser domingo estaba también hasta arriba de gente, pero en este caso, como no es tan turística, eran todos japoneses, muchas chicas vestidas de la manera tradicional, y todos comportándose de una manera ordenada.
Este era también un punto típico para hacer hanami. Había un montón de familias bajo los árboles, disfrutando del domingo. En esta ocasión, para comer, el grupo se dividió. La mitad optaron por los puestos-tenderetes de pinchos para comer por los jardines. La otra mitad, en la que estaba yo, optamos por un restaurante. En mi caso el motivo para ir a un restaurante era que no me apetecía comer tirado en el suelo. Bueno, pues cuando entramos en el restaurante, el sitio libre que tenía era en un salón tradicional, todo bonito decorado, con las vistas al río, pero sentado en el suelo... en fin...
Después de comer nos reagrupamos de nuevo, pero por poco tiempo. Hubo gente que se marchó a ver un parque de monos, otros a seguir con compras que les habían quedado a medias por la mañana, y cuatro nos fuimos a recorrer la ribera del río, buscando un bosque de bambú del que había leído y que tenía ganas de verlo. El parque era muy chulo. Como no hacía mucho sol las pequeñas cuestas no te dejaban sudado y soplando. Enseguida llegamos al bosquecillo y se estaba fenomenal. Los árboles eran enormes, como los de la película de tigre y dragón.




Después de matar el tiempo por allí un rato más, fuimos andando por la orilla del río, hasta que yo me desgajé del grupo y tiré solo para las galerías, a rematar unas compras pendientes. Tras esperar media hora en la parada del bus y otros cuarenta minutos en el mismo, por fin llegué a las galerías. 
Allí pude mercar algunos encargos, y sin más tiempo, de vuelta en bus a la estación de Kyoto, donde habíamos quedado para cenar. Tuve el tiempo justo para dejar la mochila en el hotel.
Y tras una cena, no demasiado copiosa en esta ocasión, para rematar el día, nada mejor que un baño caliente con una sauna...

14 abril 2012

14-04-12 Monte Kurama


Según nos pusimos en marcha hoy, partimos camino del templo Toji, para poder disfrutar del tradicional mercadillo que se monta allí todos los sábados... Todos los sábados? Ja. Nuestra información era errónea y solo lo ponen el día 21 de cada mes... Así que con las mismas, vámonos de vuelta y camino para el monte Kurama.
Para llegar allí tuvimos que ir andando casi media hora hasta llegar a una parada de ¿tren? ¿metro? Bueno, una cosa de esas que va bajo tierra, pero que no es metro porque no son las líneas del metro... En fin. Luego otro metro de otra compañía ya hasta el monte Kurama.



La visita al monte fue muy chula. Había estado lloviendo por la mañana y en el monte olía fenomenal. Además como había nubes no hacía demasiado calor, que para las cuestas se agradece. 
Fuimos subiendo un poco cada uno a nuestro ritmo. Yo pensaba hacer lo que había hecho las otras dos veces, subir y bajar por el mismo sitio, pero alguien se fijó que en el plano se puede bajar por otro lado, así que hicimos el recorrido completo. Había bastante poca gente, algún excursionista con mochila y poco más...


Al llegar al final del recorrido tuvimos que andar un par de kilómetros por la carretera para llegar a la estación de tren. No era la estación de llegada, sino una intermedia, así que tuvimos la disyuntiva de ir hacia adelante o hacia atrás. Eran las dos y media de la tarde, así que decidimos ir hacia atrás, que estaba más cerca, para poder comer en el pueblo de Kurama. Allí que nos fuimos otra vez andando, otros dos kilómetro por carretera.

Al llegar allí ni restaurantes, ni sitios donde comer ni nada de nada... Así que con las mismas, de regreso de Kyoto, donde llegamos a las cuatro de la tarde, sin comer, y no nos quedó más remedio que meternos en una especie de McDonalds local que había en la misma estación de tren, ya que a esas horas estaba todo cerrado...
A partir de aquí el grupo de tomó la tarde libre, nos dividimos y cada uno hizo lo que quiso. Yo me junté con Peque, Aitor y Alejandro y primero fuimos a ver un templo con sus jardines, que estaba a cinco minutos andando.



Luego cogimos el ¿tren?¿metro? y nos bajamos cerca de las galerías comerciales de Shijo, donde hicimos alguna comprita de los dichosos encargos, para acudir, a las siete, tal y como habíamos quedado, a la esquina de Gion, con Miguel Angel y José Alberto, para hacer fotos nocturnas por este barrio típico. El paseo fue muy agradable con todas las casitas iluminadas por faroles que parecía que te habías trasladado a la edad media japonesa...
Después de deambular a nuestro placer por la zona, al final llegamos un poco tarde al reencuentro con el resto del grupo. Nos falló el entusiasmo y el tráfico.
Y tras una buena cena de comida japonesa, al hotel a descansar del duro día...