13 abril 2012

13-04-12 Templos de la zona este de Kyoto


Después de madrugar un día más (aunque alguno considere quedar a las 8 en el hall del hotel como no madrugar), de nuevo en camino para aprovechar el día lo más posible, que hoy teníamos mucha tarea...
Como de una manera tácita me han erigido guía de grupo (a pesar de no tener la titulación), les llevé a matacaballo por todos los lados, azuzándoles para que no entretuvieran en la enésima tienda igual que la anterior...
Después de comprar el pase de día para los autobuses, nuestra primera parada nos llevó al Sanjusangendo, el templo con las mil estatuas de la diosa Kannon, la diosa de la compasión. Además en este templo hay 28 figuras de guardianes de buda, que a mi me gustan más que las otras 1000... Hubo quien comentó que le recordaban a los guerreros de terracota, y puede que un aire sí que se echen...


Tras coger el bus de nuevo, el siguiente punto de visita fue el Kiyomizu dera, el templo del agua pura. Este es el templo típico que aparece en todas las postales de Kyoto, con una balconada de madera enorme y la ciudad al fondo... Como es hanami, el tiempo de floración del cerezo, está todo hasta arriba de gente, que por un lado le da ambiente, pero por otro molestan... En este templo había bastantes chicas jóvenes vestidas con el yukata tradicional, así que aprovechamos para hacerles algunas foticos...





Este templo está ubicado en un extremo del famoso barrio de Gion, el barrio de las geishas, por lo que al salir anduvimos callejeando por el barrio, a ver si se nos aparecía alguna. En esta ocasión no tuvimos suerte. Este barrio ahora ha quedado reducido a tiendas y más tiendas. Quizá por eso se ha salvado y conserva todo el sabor tradicional del antiguo Kyoto.

Caminando caminando terminamos en el santuario de Yasaka (que alguno bautizó como yasacabao) y allí, dada la hora que era (la una) y dados los planes que teníamos para después, decidimos obsequiarnos con unas buenas hamburguesas en un puesto callejero, en una especie de mercado que había en el templo. Aquí había una tienda con kimonos de segunda mano, pero ni habia surtido ni los precios eran asequibles...
Después de volver a usar el bus de nuevo, llegamos al templo plateado, el Ginkakuji (por contraposición al templo dorado, aunque este de plateado no tiene nada). Este templo tiene un jardín muy bonito y cuidado, y es curioso ver trabajar a los jardineros, arrancando la más mínima hierba que desentona en el conjunto...






A la salida de Ginkakuji fuimos andando por lo que llaman el paseo de los filósofos, o el camino de la sabiduría, que al estar lleno de cerezos en flor, estaba alucinante...
Así, andando, llegamos, tras hacernos unas fotos en la puerta del templo Nanzenji, por fin, a las cuatro de la tarde, al último punto del plan del día... Bueno, al último de los templos, que cierran a las cinco de la tarde...
En este momento se puso a llover. No tanto como la otra vez que estuvimos, pero sí que estuvo cayendo un rato. Este era el templo de Heian. Bueno, realmente es un santuario, no un templo. Los templos son budistas y los santuarios son shintoistas, y se caracterizan por tener un torii (puerta roja) en la entrada. 
Este templo, como tal, no vale mucho. Pero los jardines que tiene merecen la pena totalmente. Allí estuvimos, andando bajo la lluvia, disfrutando de ellos. Terminamos justo a la hora del cierre.



Tras pasar por una tienda de artesanías, donde tenían mucha más variedad de kimonos y yukatas pero los precios eran mucho más prohibitivos, acabamos en el último destino del día, el Kyoto Budokan, centro de artes marciales de Kyoto. Tras pedir permiso, nos dejaron ver una hora de entrenamiento de iaido y otra hora de entrenamiento de kendo. La técnica del iaido era buena, pero el entrenamiento de kendo fue espectacular...



Al terminar, de nuevo con el bus, de vuelta a casa. En esta ocasión un poquito más pronto que otros días, asi que pudimos disfrutar de la sauna con más tranquilidad... Intenté por segunda ocasión comprar las cremas, pero volvía a estar cerrado...

12-04-12 Miyajima

Y después de tanto tiempo, volví a Miyajima. Era por un lado el sitio donde quería volver, pero por otro lado me lo pasé tan bien que temía que me decepcionara... 
Después de dos horas en shinkansen, otra media hora en cercanías y diez minutos en ferry, llegamos a la isla. Yo creo que había menos gente que la otra vez, pero a cada paso que daba, me acordaba de Adela, de su cara de felicidad según iba descubriendo cosas nuevas, como montar en el ferry, o en funicular, o pasear junto a los ciervos... Así que la estuve echando de menos todo el día, más que en ningún otro sitio...


Lo primero es visitar el santuario de Itsukushima, desde donde se ve perfectamente el torii en el agua.





Aquí tuvimos la gran suerte de asistir a una sesión de fotos de una pareja vestida con el traje tradicional. Parecían posar para nosotros...


Luego continuamos por el borde de la isla, hasta llegar a un templito con una estatua enorme de fudo-myoo. Aquí estuvimos haciendonos fotos de grupo, dejando las mochilas en el suelo, las cámaras de fotos (ejem)....
Desde aquí continuamos con lo que era el recorrido normal, parándonos en un par de tiendas...
Al poco rato Peque se da cuenta que se ha dejado la cámara en el suelo cuando nos estuvimos haciendo fotos todos juntos. A desandar el camino andado, y la cámara, por supuesto, no apareció. No tuvimos más remedio que acercarnos al koban (comisaría de policía) y en un perfecto japonés el amables agente nos explicó que ese día no habían devuelto ninguna cámara...
Como la comisaría se encuentra en medio de la zona de tiendas ya decidimos quedarnos por allí echando un ojo, ya que el recorrido original había quedado truncado. Así, mientras, hacíamos tiempo para comer, que aquí se come muy pronto, como a la una...
Después de comer okonomiyaki (tortilla) fuimos a coger el funicular para llegar a la cima del monte Misen, el más alto de la isla.


En la zona donde te deja hay un mirador bastante chulo, de toda la bahía de Hiroshima y las islas de los alrededores. Desde aquí hay que andar un poquito hasta llegar a una zona de templos, y otro poquito más hasta la cima. La otra vez no quise llegar a la cima del agotamiento-sudor-cansancio que tenía, pero esta vez se consiguió. Las vistas desde arriba merecen la pena.



Ya desde aquí casi la vuelta a todo correr, ya que el último teleférico de vuelta salía a las 17:30, y nosotros pillamos el de las 17:15.
Una vez abajo la expedición se dividió. José Alberto y yo nos quedamos en la isla para intentar hacer fotos del atardecer, mientras el resto se acercaban a Hiroshima para ver la cúpula que quedó en pie tras la bomba atómica. Yo, como ya lo había visto, preferí quedarme. Creo que me mereció la pena...



En Hiroshima, luego, estos chicos llegaron por los pelos al tren, pero con la misión cumplida. 
Aquí, con poco más, se acabó el día... Dos horas de tren de vuelta, y al llegar al hotel, sauna, con piscina exterior de agua caliente para relajar bien los músculos...

11 abril 2012

11-04-12 Visita al monte Hiei o de cuando nos estuvo lloviendo todo el día...

Este día no magrugamos en demasía, a las 08:30 preparados en la puerta del hotel...
Después de comprar el desayuno en el combini correspondiente y esperar un cuarto de hora el bus, nos acercamos al monte Hiei. Ya a la salida de Kyoto se puso a llover y no paró hasta última hora de la tarde.
Después de casi hora y media en autobús llegamos al destino. Con la que estaba cayendo allí no había ni Rita... Una niebla cerrada que se veía más bien poquito... Tanto es así que los de la entrada nos dejaron pasar gratis.
Allí en el recinto del templo, otra pareja y nosotros...


 Anduvimos comprando unos omamoris y resguardándonos de la lluvia donde podíamos, mientras íbamos de templo en templo... Cuando fuimos a entrar al templo principal no nos dejaron. Debían estar haciendo una ceremonia superimportante porque luego les vimos salir, vestidos de bonito, a todos los monjes viejunos, que parecía que iban a una romería...




Cuando ya nos parecía que era la hora de irnos para el bus, resulta que por no saber leer los símbolos no lo era, pero ya habíamos salido y como estaba lloviendo no nos apetecía estar por la calle, así que en lo que esperamos al verdadero bus aprovechamos para comer allí mismo, yo soba.
En el camino de vuelta me quedé un ratito traspuesto...
Al llegar a Kyoto estaba jarreando de verdad, pero la lluvia no nos arredró y nos fuimos andando a ver el castillo Nijo, a casi media hora desde donde nos dejó el bus... Allí sí que nos cayó de verdad y no pudimos disfrutar de los jardines como verdaderamente se merecen.



A las cinco de la tarde, cuando cerró el castillo, nos acercamos a las tiendas en shijo, que están sotechadas para no mojarnos, aunque ya nos daba lo mismo, porque estábamos hechos una sopa...
Aquí fue todo ir de tienda en tienda, comparando precios, mirando para próximas visitas y percatándose de que no todas las tiendas (ay, las hebillas, snif, snif...) habían aguantado estos cuatro años.



 A las nueve menos cuarto nos acercamos a cenar al mismo sitios del día anterior, buffet libre de pizzas, ya que la gente había quedado bastante contenta y les apetecía repetir.
Y después no nos quedó más que el regreso al hotel, donde disfrutamos de una buena sauna antes de dormir.

10 abril 2012

10-04-12 Sur de Kyoto


Después de descansar más o menos, ya que la habitación del hotel es minúscula no, lo siguiente, y la cama de 1,20 para Miguel Angel y para mi, nos pusimos en marcha en dirección del templo Toji, que pilla en la parte sur de Kyoto, cerca de donde nosotros tenemos el hotel. Allí anduvimos un buen rato deambulando por las distintas partes del templo, haciendo fotos como locos a los cerezos en flor y pasando el rato traquilamente. Este templo tiene una parte muy grande que no es de pago, pero luego tiene otra parte de pago donde hay unas estatuas de budas, de 800 años de antigüedad que son Tesoro Nacional y que merece la pena visitar. Además desde la zona de pago se tienen las mejores vistas de la pagoda de cinco pisos, las más alta de Japón.




En este templo también esperaba encontrar unas láminas que me habían encargado ya hace cuatro años y que entonces no pudo ser porque estaban en obras... Pues bien ahora tampoco ha podido ser porque lo que antes era un museo, que era donde las vendían, ahora se ha convertido en un hotel...
Después de este templo fuimos a la estación de Kyoto para tomar un tren que nos llevara al Fushimi Inari Taisha, el templo de los 10000 torii. Aquí también anduvimos un rato tranquilamente, dando un paseo bajo los torii, hasta que casi se nos hizo la hora de comer.





La comida la hicimos en los subterráneos de la estación de Kyoto, un okonomiyaki (tortilla) que además tenía espaguetti... Todo comida light.



A continuación visitamos los templos de Nishi Honganji y Higashi Honganji, más otro de propina que no estaba en el programa. Lo más representativo de estos templos son los grandes edificios para las ceremonias.


Como ya eran las cinco, hora de cierre de casi todos los templos, y estábamos relativamente cerca del hotel, nos acercamos a él para una sesión de sauna, lo único bueno que tiene...
Tras un rato de merecidísimo descanso, de vuelta al ataque. Lo primero, reservar los billetes de tren para los viajes de los próximos días. Luego nos acercamos a Shijo, unas galerías comerciales donde, dado la hora que era, cenamos en un buffet libre de pasta. Y para terminar, unas cervecitas en la calle, que hacía una temperatura estupenda.
Tras todo esto, de vuelta al hotel en autobús y a esperar a mañana, un largo día de viaje...

09 abril 2012

09-04-12 Hakone


Otro día que duermo menos de cinco horas… Como la habitación era tradicional no tenía persianas, y en cuanto empezó la claridad me desperté. El desayuno estaba incluido y no estuvo nada mal. Lo mejor fueron las vistas, con el monte Fuji al fondo y el inicio del día despejado.


Después de enviar las maletas por un servicio de equipajes a la estación de Hakone-Yumoto para no tener que estar cargando con ellas todo el santo día nos acercamos a Togendai, diez minutos andando desde el hotel, para pillar el crucero turístico por el lago Ashi. 



Después de una travesía de unos 25 minutos en los que hacía un aire terrible llegamos a nuestro primer destino, Hakonemachi. Allí estuvimos viendo el Hakone Check Point, un puesto de control aduanero del antiguo camino del Tokaido. Estaba bastante bien ambientado y reconstruido. Con la entrada a este recinto también estaba incluido otro recinto, un museo del vestido, donde lo más interesante eran unos yorois muy chulos y alguna que otra arma extraña… 





De aquí seguimos andando por la orilla del lago hasta el punto donde volveríamos a coger, Moto-Hakone. Nos llevó un ratillo pero mereció la pena, un agradable paseo entre árboles. Es un sitio donde hay unas buenas vistas del fuji, con un torii en el agua. A estas alturas el monte se estaba empezando a cubrir y no pudimos sacar las fotos como nos hubiera gustado.
Aquí tuvimos que esperar un rato, ya que cuando llegamos el barco acababa de zarpar, así que aprovechamos para comprar en un 7-eleven algo para comer, y dimos buena cuenta de ello sentado en unos escalones frente al lago. Fue terminar de comer y ya venir el nuestro, así que emprendimos el camino de vuelta hacia Togendai. Aquí, desde el mismo complejo donde pillamos el ferry, cogimos el teleférico para el viaje de vuelta. La siguiente parada fue Owakidani, una zona volcánica con emanaciones sulfurosas, que por tanto olía a demonios, y donde eran típicos los huevos negros. Los hacían en las aguas con azufre y quedaban de ese color asqueroso. Pero luego sabían igual que los normales, según cuentan los que los probaron (yo no). Aquí hacía un viento terrible, de casi no poder andar… afortunadamente, ya que así se iban antes los vapores insalobres…


Desde aquí tuvimos que ir en tren de cremallera, un par de paradas por la ladera de la montaña hasta Gora. Lo siguiente fue tomar otro tren burra que iba para adelante y para atrás según iba bajando por la montaña, hasta llegar a Hakone-Yumoto, donde recuperamos nuestras maletas. De nuevo otro tren regional hasta Odawara, para pillar el shinkansen que nos llevara a Kyoto… Como se puede ver tuvimos que enlazar hasta cuatro tipos de tren distintos.
En Odawara tuvimos que estar esperando más de hora y media al shinkansen así que aprovechamos para ver el castillo, que pillaba bastante cerca. 



Compramos de nuevo una cena en un combini y nos la zampamos en el shinkasen, tan tranquilamente, para así, al llegar a Kyoto, poder no salir del hotel y quedarnos a descansar de una vez, que el cansancio (y sobre todo la falta de sueño) empezaba a hacer mella…
Como conclusión de la excursión a Hakone: contento de haberla hecho, muy contento de haber podido ver el monte Fuji sin niebla, pero una vez hecha, no repetiría otra vez…

08-04-12 Entrenamiento y camino a Hakone


De nuevo a las seis y media arriba. Teníamos que salir a las siete para ir a entrenar a Noda. Entre hacer el check out, llegar a la estación, comprar el desayuno, hacer los trasbordos y tal, llegamos justos al entrenamiento de las nueve de la mañana, con Seno. Había más gente de la que yo esperaba, pero es que el entrenamiento de Hatsumi era después. Aun así fue una gozada. Teníamos sitio para movernos como queríamos y pudimos entrenar verdaderamente.
Después, el entrenamiento con Hatsumi, ya hasta la bandera y donde no te puedes casi ni mover. Una vez acabado el entrenamiento nos dirigimos a una sesión de fotos al templo de Atago, donde nos recreamos de todas las maneras posibles… Y como ya se había hecho la hora de comer, el Saizeriya, que pilla el lado, fue nuestro destino final, donde pudimos dar cuenta de unas buenas hamburguesas y pasta, que había gente que ya se estaba empezando a cansar de tanto arroz…
A la vuelta a Tokyo estuvimos dando una pequeña vuelta por el parque de Ueno, viendo como la gente hacía hanami, ver las flores. Los cerezos (o lo que sean) estaban con las flores en todo su esplendor y estaba el parque abarrotadísimo de gente, unos paseando llenando los caminos, y otros tumbados o sentados en el suelo, comiendo o haciendo botellón. Familias enteras o grupos de amigos se juntan en el hanami para comer y beber bajo las flores de los cerezos, y el parque de Ueno es uno de los lugares preferidos. Así que con tanta aglomeración de gente íbamos al paso de la tartana, como si estuviéramos en una romería… 





Cuando ya nos cansamos, de vuelta al hotel, a coger las maletas y a emprender el viaje a Hakone, nuestro siguiente punto de parada. De Ueno a Tokyo en tren, de Tokyo a Odawara en shinkansen, el AVE japonés, y de Odawara a nuestro hotel, en la zona de Hakone, en autobús, llegamos a las nueve y media de la noche.
Hakone es una zona famosa por sus balnearios, y como nuestro hotel tenía un pequeño onsen, para allá que nos fuimos los ocho a bañarnos en pelota picada. El agua estaba bien caliente y fue lo mejor para quitarnos todo el cansancio del viaje y de los días de atrás. Bueno, todo todo no nos lo quitó, pero casi… 


Cenamos todos juntos en una de las habitaciones, de estilo japonés, chulísimas, una cena que habíamos pillado en el Sunkuss en Tokyo, ya que habíamos leído que el hotel estaba un poco apartado sin nada de qué surtirse en los alrededores. Y hablando y riendo se nos hizo la una de la mañana otra vez… Así que a dormir en futones sobre el suelo de tatami… Bueno, todavía no, que al llegar a la habitación me puse a trastear con mi nuevo juguetito, que para eso lo hemos comprado… Me temo que el sueño me va a pasar factura…